domingo, 5 de febrero de 2017

RESEÑA de María DUBON: La noche antes de irse

Aureliano Mercader se convierte en el protagonista de La noche antes de irse, cuando se indaga sobre su vida.

La petición: «Mira qué fue de Aureliano Mercader» es un encargo envenenado que obligará a perseguir su rastro, a profundizar en su biografía y así, con olfato de sabueso, entre datos, recuerdos, documentos y fotos se va construyendo la identidad de un hombre que emerge entre la niebla del tiempo.

De esta manera conocemos los orígenes oscenses de Aureliano, su estancia en el seminario de Belchite, sus andanzas políticas en Barcelona, su paso por la universidad romana de San Anselmo, su huída a Australia, sus estudios de arte, su amistad con Ramón Rius o el final de sus días en el asilo St. Leonard’s-on-Sea, compartiendo vejez con otros ancianos y con su reencontrado amigo. Algunas pistas llegan a emparentarlo con Ramón Mercader, el asesino de Troski, pero sin poder confirmar el valor de esta teoría, el vínculo se reduce a meras habladurías.

Ramón Acín ha tejido una historia en torno a la búsqueda y al descubrimiento de una existencia que resulta un enigma por descifrar y que ofrece unas dimensiones insospechadas al biógrafo que se va sumergiendo en ella. Una personalidad uncida a una fisonomía, a una forma de concebir la vida.

Cartas, legajos y fotografías son el rastro a seguir hasta dar con el auténtico Aureliano Mercader, un hombre, como todos, lleno de claroscuros, matices e incógnitas, una identidad en la que todos nos conocemos y nos reconocemos.

Ramón Acín clava el anzuelo en la curiosidad del lector y la alimenta de reflexiones, de apuntes y hallazgos que no solo muestran a Aureliano Mercader. Pero para saber más, hay que leer esta historia.

Título: La noche antes de irse
Autor: Ramón Acín
Editorial: Instituto de Estudios Aragoneses
Páginas: 94
Año: 2016

martes, 22 de noviembre de 2016

Reseña de TERROR EN LA CARTUJA (revista Peonza, 81)

Autor: Ramón Acín
Editorial: Edelvives. Zaragoza, 2006. 7,1 € 

Para quienes todavía no le conozcan, Ramón Acín es un incansable agitador cultural, como profesor, como conferenciante, como crítico literario y como principal impulsor del programa "Invitación a la lectura" en el que están inmersos numerosos institutos dependientes de la Consejería de Aragón.
  


En la obra que ahora comentamos, la historia arranca con un misterio inquietante desde la primera página. El lugar donde se desarrolla la acción se presta a todo tipo de leyendas, rumores y conjeturas al ser un espacio cargado de historia; en él se celebraron Cortes Generales del Antiguo Reino de Aragón, se coronaron reyes, fue sede del Tribunal de la Inquisición, se torturó a los partidarios de Antonio Pérez, fue lugar de reunión de los primeros carlistas y los más mayores hablaban de oscuras historias ocurridas allí durante la guerra civil. 

Con esta mezcla entre leyenda e historia, imaginación y realidad el lector va avanzando en la historia impregnándose de ese ambiente misterioso como si de un joven Indiana Jones se tratara. 
El desenlace resuelve las intrigas planteadas al principio, pero abre otros misterios más oscuros e inquietantes. (PM) Publicado en Peonza nº 81

lunes, 24 de octubre de 2016

Reseña de "ABRIR LA PUERTA" (blog "diariodemimochila"

El blog de diariodemimochila.over-blog.es

30 agosto 2013
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Ramón Acín es de Piedrafita de Jaca, Huesca, y catedrático de Lengua y Literatura. Con estos antecedentes se le presuponen dos cosas, humor afilado como buen maño y conocimiento del instrumento que usa, la lengua castellana. De ambas cosas doy fe tras haber leído su recopilación de relatos "Abrir la puerta" que ha publicado con Ediciones Traspiés. No podemos hablar de un recién llegado a la narrativa, bien lo saben los de esta tierra. Acín lo ha transitado todo, desde los libros de relatos (este es el sexto, si no voy errado), la novela (cuatro) o el ensayo (cinco). Además se ha metido en el mundo editorial y en el de la promoción de ese insigne y necesario vicio llamado lectura. Por tanto, es uno de los nuestros, frase peliculera que nació en el alto mundo político anglosajón.
Resulta interesante leer a Ramon Acín. Alguien le llamó "agitador cultural", con todas las beneméritas connotaciones del título. Y hay algo de esa dinámica desafiante que los de antes llamaban "èpater le bourgois" en muchas estampas de su libro, como en "Cioconda, la Radiante", un retrato goyesco de una "reina del Paralelo" barcelonés, o el de "El santo bebedor" un retrato a lo Bowle de un tipo estrafalario, escritor, sablista, eremita forzado, un tipo que "llevó siempre vida de fugitivo (de la justicia...pero también de sí mismo" (pag.64).
Acín logra interesarnos por su indudable voluntad de romper el género y nos ofrece una contundente mezcla de imaginación, realidad documental (sea cierta o no), esperpento y una cierta erudición. En "Héroes 'inmolados' " juega con la historia y nos habla de un suicida en la plaza Venezuela de Caracas, vinculado tras una vida azarosa con los refugiados republicanos de la guerra civil española. Con "Lobo solitario" da una nueva vuelta de tuerca y nos habla del fanático obsesionado con Greta Garbo, para volver en "Del entierro de Estanis, el abacero" a nuestra guerra incivil, con una historia buñuelesca sobre el almadiero segado por una bala perdida al final de la batalla del Ebro. Y la historia la trufa con una deliciosa lista de hierbas con las que  el cadáver insepulto pero enferetrado de Estanis desemboca en el Mediterráneo para una singladura sin fin (los hermanos Cohen harían una buena película con este guión).
Con "Make-up, make-up, make-up" Acín ya roza la broma surrealista y nos relata la historia de un político peculiar que entre sus aficiones pregona la  de "experto en ácaros e insectos propios de la fauna de las tumbas" (pag.50). En "Amores locos" nos habla de un amor con mal final desde el punto de vista del tercero en discordia, donde Acín nos deja testimonio de un cierto lirismo dentro del estilo rimbombante, y guasón en el fondo, que el escritor practica con sorna pero sin mala leche.
En otros relatos del pequeño pero jugoso libro juega con el tremendismo como la historia de un don Juan peculiar "enano contrahecho y con una verga descomunal" pag.85, o con un humor irónico y burlón vestido de articulo periodístico en "Un espacio llamado El Ocaso" o el juego literario de "Y al final, como todos, él dijo GUAU", en el que el humor guarda su sorpresa al terminar de leer.
El libro de Acín me recuerda esas muñecas rusas de diferentes tamaños que se contienen unas a otras. En estos relatos el lector se presta con agrado al juego del narrador, el comienzo nos extravía, el desarrollo nos confunde y al final todo cobra un sentido. Y en cada uno de los relatos se contiene algo de lo anterior. Y ese algo es  ese humor que nace con una sonrisa, no busca la carcajada y deja una sensación de divertida extrañeza. Vamos, humor aragonés con sus goticas de retranca gallega y formulación austera castellana. Y, por encima de todo, la evidencia de que Ramón Acín ha escrito exactamente lo que le venía en gana. Pero como nos divierte, pues miel sobre hojuelas.

FICHA
ABRIR LA PUERTA.- Ramón Acín.- ED. Traspiés.  122 págs. 

miércoles, 27 de abril de 2016

MONTE OSCURO, por María DUBÓ

27 de abril de 2016


Monte Oscuro

La Familia es un volcán sin cráter, una cueva sin
salida, una noche sin luna, una madeja sin hilo 
de Ariadna, un bosque sin migas de pan.



La falda del Monte Oscuro es el lugar donde transcurren 
los hechos. La Casa es la guarida habitada por una 
amilia de alimañas, de individuos llenos de aristas que 
hieren, lastrados por un pasado turbio que aflora para 
lavarse del polvo de los años e impregnarse de realidad. 
Cada familia tiene sus ovejas negras, sus secretos, 
un pasado que alarga su sombra sobre la estirpe de 
descendientes.

Ramón Acín ha compuesto una historia hecha de 
pasajes breves y contundentes donde las sombras, 
las piedras, los fantasmas, lo oscuro, las miradas, 
el temor y los sueños aportan matices al argumento,
que desde los detalles se construye ante los 
ojos admirados del lector. Leer Monte Oscuro 
obliga a juntar piezas, a atar cabos, a salpicarse 
de crudeza. La familia obliga a forzados vínculos 
de sangre establecidos por la lotería de la vida. 
Nadie la escoge. Todos la sufrimos. 
El abuelo, los tíos, los primos, los concuñados, 
los padres… quedan al descubierto, 
desnudos ante el espectador, desenmascarados 
y descuajeringados por la pericia narrativa de Acín.

Los rasguños que provoca la convivencia familiar 
hieren las entrañas. Recrearlos ayuda a sobrevivir, 
aunque sea plagado de cicatrices. Ha de pasar el 
tiempo para descubrir que el lustre del linaje es 
mera quincalla, que la grandeza empequeñece 
con los años y que la realidad fue una quimera 
de cartón piedra que se admitió como verdad.

Título: Monte Oscuro. Álbum de familia
Autor: Ramón Acín
Editorial: Los libros del gato negro
Páginas: 127

viernes, 15 de enero de 2016

SIEMPRE QUEDARÁ PARÍS

Lectura sociolingüística de dos novelas para el tiempo abatido: La sierra en llamas y Siempre quedará París

Antonio Daniel Fuentes González






Revistaalabe.com/index/alabe/article/view/262/193


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martes, 24 de noviembre de 2015

lunes, 4 de mayo de 2015

RESEÑA en la Revista TURIA (José María Ariño)

REGRESO AL PARAÍSO PERDIDO
                                                     Por José María Ariño Colás
         ¿Quién no ha evocado con frecuencia las vivencias nebulosas de su infancia? ¿Quién no ha regresado a su Ítaca natal para reencontrarse con los demonios familiares y recomponer el puzle caótico de su vida pasada? Eso es lo que nos propone con su habitual maestría el escritor aragonés Ramón Acín (Piedrafita de Jaca, 1952) en su última novela Ya no estoy entre vosotros. El escritor y crítico literario oscense continúa su camino ascendente como narrador con esta novela densa, profunda y sugerente. La introspección en el ser humano, el peso de los recuerdos, la vida y la muerte son motivos que  ya estaban presentes en La marea (2001), Siempre nos quedará París (2005) o Muerde el silencio (2007).
            La muerte de la matriarca de la familia Alba, una centenaria abuela que ha gobernado la casona con autoridad durante las últimas décadas, reúne a numerosos familiares y allegados en torno a su ataúd. La larga noche de velatorio tiene como protagonista a Ramón, su nieto preferido. Durante estas horas tediosas e incómodas, Ramón reflexiona sobre la vida, la muerte, el paso del tiempo, el paisaje del Pirineo aragonés y la cada vez más exigente tarea de escritor. Es una larga velada de reencuentros trufados por el recuerdo de la infancia en la cada vez más deteriorada casona. Esa mansión que, al igual que la abuela, ya ha perdido todo su antiguo esplendor: “Sí, la casona y su alcurnia secular están igual de consumidas que tú, abuela” (p.13). El protagonista reconoce este cambio de identidad, esta inevitable carcoma del paso del tiempo que transforma a las personas y las aleja para siempre del hogar que les vio nacer. La ambigüedad del título – ya no está la abuela y tampoco se reconoce a sí mismo el nieto – da paso a una serie de reflexiones que entrelazan el pasado con el presente y dejan abierta una gran incertidumbre para el futuro.
            La  novela se caracteriza por un tempo narrativo lento. En ella el monólogo se entrecruza con el diálogo con la difunta que recuerda al nieto vivencias del pasado o le reprocha actitudes casi olvidadas. El río caudaloso de las evocaciones de la infancia y juventud de Ramón se enriquece paulatinamente con nuevos caudales de vivencias lejanas y nebulosas. Porque, aunque “el río de la vida todo lo arrastra” (p.48), aún quedan rescoldos agridulces de experiencias infantiles y primeros escarceos amorosos. El reencuentro con su prima Elisa supone una vuelta más a las vacaciones estivales en la casona y al hervidero infantil que alborotaba la casona durante las Navidades. Porque Elisa, al igual que tantos niños de la década de los sesenta,  también inició un camino sin retorno fuera de España: “Soñaba con vivir lejos, muy lejos de la casona. Y, al final, se salió con la suya. Escapó de la rigidez de los Alba. Y de la abuela” (p. 49). La introspección del protagonista recorre como una columna vertebral esas horas de velatorio marcadas por el contraste entre el silencio gris de la alcoba y los chismorreos de los familiares y amigos de la difunta.
            Pero el paraíso perdido no es sólo la casona. Es un entorno natural privilegiado e inhóspito que rodea a esta ciudad de provincias. Así, la Sierra Pelada se convierte en mudo testigo de los crudos inviernos y de los rigores del verano: “Cuando el sol y su intenso amarillo dan de lleno en Sierra Pelada, la ciudad sufre los sofocos del bochorno” (p. 79). Una ciudad detenida en el tiempo, varada como un barco en el agrisado mar de la memoria. A ella regresa Ramón para evocar el pasado y, como Julio Llamazares, Giménez Corbatón o Severino Pallaruelo, se deja dominar por la nostalgia. La presencia de nuevos personajes – como Pilina, Julita o Jacinto el loco – agudizan paradójicamente la soledad del protagonista, que se siente aislado en su isla secreta como un nuevo Robinson Crusoe.  Ni la presencia casi inesperada de sobrinos, primos y algún que otro amor platónico logran alejar el fantasma de la soledad. Todo lo contrario. La casona arrastra a Ramón hacia submundos ingratos y le lleva a identificar el paraíso perdido con una oscura y lóbrega cárcel.

            Uno de los aspectos más importantes de la novela, y tal vez el más autobiográfico, es sin lugar a dudas la reflexión del autor puesta en boca del protagonista sobre la literatura y el oficio de escritor. La presencia de uno de sus jóvenes sobrinos enamorado de las letras despierta en Ramón una retahíla de reflexiones llenas de escepticismo sobre la creación literaria y sus inevitables servidumbres: “La literatura duele, emborracha, divierte, sana, te vuelve loco, a veces te da algún dinero, te inyecta envidias desconocidas, te hace odiar, te aniquila… Literatura es dialogar y amar. Amar y sufrir. Sufrir y vengarse” (p. 112).  Estas reflexiones van de la mano con otras tan universales como el paso inexorable del tiempo, la vida y la muerte. El protagonista califica a la vida como un cuento, una locura y una mierda e invita a su sobrino a vivir el presente e intentar ser feliz. Una actitud decepcionante que brota de la soledad y el fantasma de la muerte que pende sobre todos como una espada de Dámocles.
            La novela avanza al mismo ritmo que el velatorio. Y concluye poco después del entierro de la abuela. De este modo, las últimas páginas nos ofrecen a modo de epílogo unos sentimientos del nieto envueltos en una extraña orfandad. El recorrido final por una casa vacía y huérfana, la contemplación del arcón de nogal, el poso amargo de los muebles o la contemplación de documentos antiguos o fotografías amarillentas, aceleran la desmitificación de la estirpe de los Alba y el derrumbe definitivo de la casona que ya no es un regazo o un paraíso, sino un pozo de desolación: “Es la visión fantasmal pero cierta, de que cientos de años se han extinguido en pocos segundos. O de que a la centenaria prosapia del apellido Alba no le queda ni un ápice de cuanto este fue” (p.184).
            Desde el punto de vista formal y estructural, hay que destacar en Ya no estoy entre vosotros la adecuada documentación con notas que comenta el editor a pie de página, la original entrada de cada uno de los dieciocho capítulos y esa prosa ágil, concisa y zigzagueante que facilitan la lectura de una novela que invita a la reflexión y nos acerca una vez más al mejor Ramón Acín. 

Ramón Acín, Ya no estoy entre vosotros, Zaragoza, Mira Editores, 2014.
Turia, nº 113-114.