martes, 24 de noviembre de 2015
lunes, 4 de mayo de 2015
RESEÑA en la Revista TURIA (José María Ariño)
REGRESO AL PARAÍSO
PERDIDO
Por José María Ariño Colás
¿Quién no ha evocado con frecuencia las
vivencias nebulosas de su infancia? ¿Quién no ha regresado a su Ítaca natal
para reencontrarse con los demonios familiares y recomponer el puzle caótico de
su vida pasada? Eso es lo que nos propone con su habitual maestría el escritor
aragonés Ramón Acín (Piedrafita de Jaca, 1952) en su última novela Ya no estoy entre vosotros. El escritor
y crítico literario oscense continúa su camino ascendente como narrador con
esta novela densa, profunda y sugerente. La introspección en el ser humano, el
peso de los recuerdos, la vida y la muerte son motivos que ya estaban presentes en La marea (2001), Siempre nos
quedará París (2005) o Muerde el silencio (2007).
La muerte de la
matriarca de la familia Alba, una centenaria abuela que ha gobernado la casona
con autoridad durante las últimas décadas, reúne a numerosos familiares y
allegados en torno a su ataúd. La larga noche de velatorio tiene como
protagonista a Ramón, su nieto preferido. Durante estas horas tediosas e
incómodas, Ramón reflexiona sobre la vida, la muerte, el paso del tiempo, el
paisaje del Pirineo aragonés y la cada vez más exigente tarea de escritor. Es
una larga velada de reencuentros trufados por el recuerdo de la infancia en la
cada vez más deteriorada casona. Esa mansión que, al igual que la abuela, ya ha
perdido todo su antiguo esplendor: “Sí, la casona y su alcurnia secular están
igual de consumidas que tú, abuela” (p.13). El protagonista reconoce este cambio
de identidad, esta inevitable carcoma del paso del tiempo que transforma a las
personas y las aleja para siempre del hogar que les vio nacer. La ambigüedad
del título – ya no está la abuela y tampoco se reconoce a sí mismo el nieto –
da paso a una serie de reflexiones que entrelazan el pasado con el presente y
dejan abierta una gran incertidumbre para el futuro.
La novela se
caracteriza por un tempo narrativo lento. En ella el monólogo se entrecruza con
el diálogo con la difunta que recuerda al nieto vivencias del pasado o le
reprocha actitudes casi olvidadas. El río caudaloso de las evocaciones de la
infancia y juventud de Ramón se enriquece paulatinamente con nuevos caudales de
vivencias lejanas y nebulosas. Porque, aunque “el río de la vida todo lo
arrastra” (p.48), aún quedan rescoldos agridulces de experiencias infantiles y
primeros escarceos amorosos. El reencuentro con su prima Elisa supone una
vuelta más a las vacaciones estivales en la casona y al hervidero infantil que
alborotaba la casona durante las Navidades. Porque Elisa, al igual que tantos
niños de la década de los sesenta,
también inició un camino sin retorno fuera de España: “Soñaba con vivir
lejos, muy lejos de la casona. Y, al final, se salió con la suya. Escapó de la
rigidez de los Alba. Y de la abuela” (p. 49). La introspección del protagonista
recorre como una columna vertebral esas horas de velatorio marcadas por el
contraste entre el silencio gris de la alcoba y los chismorreos de los
familiares y amigos de la difunta.
Pero el paraíso perdido no es sólo la casona. Es un
entorno natural privilegiado e inhóspito que rodea a esta ciudad de provincias.
Así, la Sierra Pelada se convierte en mudo testigo de los crudos inviernos y de
los rigores del verano: “Cuando el sol y su intenso amarillo dan de lleno en
Sierra Pelada, la ciudad sufre los sofocos del bochorno” (p. 79). Una ciudad
detenida en el tiempo, varada como un barco en el agrisado mar de la memoria. A
ella regresa Ramón para evocar el pasado y, como Julio Llamazares, Giménez
Corbatón o Severino Pallaruelo, se deja dominar por la nostalgia. La presencia
de nuevos personajes – como Pilina, Julita o Jacinto el loco – agudizan
paradójicamente la soledad del protagonista, que se siente aislado en su isla
secreta como un nuevo Robinson Crusoe. Ni
la presencia casi inesperada de sobrinos, primos y algún que otro amor
platónico logran alejar el fantasma de la soledad. Todo lo contrario. La casona
arrastra a Ramón hacia submundos ingratos y le lleva a identificar el paraíso
perdido con una oscura y lóbrega cárcel.
Uno de los aspectos más importantes de la novela, y tal
vez el más autobiográfico, es sin lugar a dudas la reflexión del autor puesta
en boca del protagonista sobre la literatura y el oficio de escritor. La
presencia de uno de sus jóvenes sobrinos enamorado de las letras despierta en
Ramón una retahíla de reflexiones llenas de escepticismo sobre la creación
literaria y sus inevitables servidumbres: “La literatura duele, emborracha,
divierte, sana, te vuelve loco, a veces te da algún dinero, te inyecta envidias
desconocidas, te hace odiar, te aniquila… Literatura es dialogar y amar. Amar y
sufrir. Sufrir y vengarse” (p. 112).
Estas reflexiones van de la mano con otras tan universales como el paso
inexorable del tiempo, la vida y la muerte. El protagonista califica a la vida
como un cuento, una locura y una mierda e invita a su sobrino a vivir el
presente e intentar ser feliz. Una actitud decepcionante que brota de la
soledad y el fantasma de la muerte que pende sobre todos como una espada de Dámocles.
La novela avanza al mismo ritmo que el velatorio. Y
concluye poco después del entierro de la abuela. De este modo, las últimas
páginas nos ofrecen a modo de epílogo unos sentimientos del nieto envueltos en
una extraña orfandad. El recorrido final por una casa vacía y huérfana, la
contemplación del arcón de nogal, el poso amargo de los muebles o la
contemplación de documentos antiguos o fotografías amarillentas, aceleran la
desmitificación de la estirpe de los Alba y el derrumbe definitivo de la casona
que ya no es un regazo o un paraíso, sino un pozo de desolación: “Es la visión
fantasmal pero cierta, de que cientos de años se han extinguido en pocos
segundos. O de que a la centenaria prosapia del apellido Alba no le queda ni un
ápice de cuanto este fue” (p.184).
Desde el punto de vista formal y estructural, hay que
destacar en Ya no estoy entre vosotros la
adecuada documentación con notas que comenta el editor a pie de página, la
original entrada de cada uno de los dieciocho capítulos y esa prosa ágil,
concisa y zigzagueante que facilitan la lectura de una novela que invita a la
reflexión y nos acerca una vez más al mejor Ramón Acín.
Ramón Acín, Ya no estoy entre vosotros, Zaragoza,
Mira Editores, 2014.
Turia, nº 113-114.
lunes, 13 de abril de 2015
COMENTARIO DE ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE en ANDALÁN
Ramón Acín Fanlo, escritor muy vocacional, catedrático de
Literatura en Enseñanza Media (quizá el mejor en Aragón, en un área en que no
faltan docenas, como no faltaron en otras partes los Torrente Ballester o
Gerardo Diego, eminentes sobre mediocridades académicas de su tiempo), gran
didacta, organizador de sesiones viajeras con escritores de fuste, crítico,
escribió hace algunos meses una de sus novelas más acertadas: Ya no estoy entre vosotros (Mira), en que la voz sin tapujos de
un nieto desnortado, algo cínico pero también muy lúcido, evoca a una inmensa
mujer que fue su abuela, su mundo e ideas, su entorno, sus parientes más o
menos próximos, hasta cerrar un magnífico cuadro familiar, generacional,
social. Uno se acuerda, sin remedio, de Cinco horas con Mario, de Delibes,
porque hay muchas conexiones y logros comunes a la gran obra del maestro
Delibes. Y, ante la lista larga y cuajada, de la narrativa de Acín, piensa si
no es hora de que esta generación de los ochenta del siglo XX reciba ya estudios
a su vez, premios, honores bien ganados
ANDALÁN. “Literaturas” (10/04/15)
http://www.andalan.es/?p=10603
lunes, 2 de febrero de 2015
UNA NUEVA LECTURA DE "YA NO ESTOY ENTRE VOSOTROS"
Un amigo me envía esta reseña de una de mis lectoras.
De bien nacidos es ser agradecidos (para la lectora y por mi amigo).
No se hable más: Aquí está :
La mujer jubilada
viernes, 30 de enero de 2015:Ya no estoy entre vosotros
Es la última novela de Ramón Acín Fanio, editada por Mira Editores, en Zaragoza, en abril de (20014).
Ramón Acín, escritor aragonés, nace en Piedrafita de Jaca (Huesca) en 1952. Es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza. Ejerce como catedrático de Lengua y Literatura Españolas en Institutos de Enseñanzas Medias y Bachillerato. Es coordinador del ciclo pedagógico Invitación a la lectura, entre otras actividades relacionadas siempre con el mundo de las Letras.
Ha cultivado el ensayo, el cuento y la novela. Entre su extensa obra podemos destacar Manual de héroes (1989), Estrategias de la memoria (1990), Los dedos de la mano (1992), Siempre quedará París (2005), Muerde el silencio (2007) sobre la vida de su padre, y Ya no estoy entre vosotros (2014).
Resumen de la obra. La abuela del protagonista ha fallecido y en su velatorio, en la casona de la finada, se reúne la familia, desperdigada por el mundo, Este acontecimiento le sirve al autor para hacer un recordatorio reflexivo sobre la vida de la familia Alba. Ya con ojos de adulto mira a su abuela de forma distinta, esa mujer tan contradictoria, a veces tierna y otras cruel y manipuladora. Analiza sus sentimientos hacia ella entre cariño y miedo. Ahora, pequeña y seca, dentro del ataúd, supone el final ilustre de la familia y la casa que se derrumba porque desaparece ella, la matriarca, y los que quedan no tienen fuerza para sustentarla.
Durante la noche que dura el velatorio, a la antigua usanza, el reencuentro de familiares da pie al autor para evocar el pasado de su infancia en la casa, junto a sus primos. A través de conversaciones vamos conociendo, siempre de manera ambigua, a los miembros de la familia Alba y sabemos de su vida, siempre condicionada por las decisiones de una abuela que todo lo controlaba, haciéndose siempre su voluntad.
El autor revive un acontecimiento doloroso de su juventud que le marcará en su vida futura, privándole de la facultad de amar. La memoria lleva a Ramón a evocar el paraíso perdido de la infancia, los juegos, los primeros atisbos de erotismo. todo dentro de aquella casa enorme que suponía un pasado glorioso de dominio en toda la comarca, colocando a la familia en un lugar preeminente. Es como un puzle en el que las piezas se van encajando poco a poco a través de la memoria.
Personajes.
Protagonista. Es el nieto, Ramón, que es el narrador. Él es quien nos guía en esa noche del velatorio y quien nos descubrirá, a su manera, la historia de la familia. Es el nieto predilecto y ha llegado con el tiempo justo para despedirse de la abuela.
La abuela, centenaria, que muere en su casona por lo que se reúnen en ella todos los parientes. Es autoritaria, orgullosa, religiosa, vengativa, manipuladora, escrupulosa del orden, que no olvida y repite, de forma machacona, el episodio de la muerte del hermano querido a manos de los falangistas, durante la Guerra Civil. Otras veces es cariñosa, siempre contradictoria.
El hermano. Es "el ausente", siempre presente "seguro que está en el cielo". Según la abuela, la camisa roja , el azar, provocó su muerte. En realidad era filocomunista y llevaba en la solapa las insignias de la hoz y el martillo.
El abuelo. Más joven que su mujer. Se llevan como el perro y el gato pero como el roce engendra cariño, las diferencias se salvan. La abuela consiente sus frecuentes viajes a la ciudad donde hay juego, alcohol y "algo más" que, a veces, sí le preocupa. El abuelo también sufrió cárcel durante la guerra y no pisa la iglesia pero, ahora, por ella asistirá al funeral.
Ignacia. la hermana pequeña solteronaa, que ha acompañado y servido a la abuela hasta que murió.
Las otras hermanas con las que nunca se llevó bien. Las trata de arpías. No aparecen en el velatorio.
Los tíos Luis y Antoñita, La tía Pura, el tío Fermín y Clarisa. Sobre todo los primos: Elisa, Estela, Cynthia, Felicitas, Pilina y Julia, la hermana del protagonista.
La Inevitable, la muerte, que hace su presencia y "se introduce por la boca hasta la garganta".
Los temas que trata el autor en la novela son los eternos "Eros" y "Tanatos".amor y muerte. Sobre todo la muerte está presente desde la primera a la última página.. El paisaje, la casa, se convierte en un personaje importante, tanto física como simbólicamente.La memoria, el poder, el matriarcado, el tiempo, el peso del pasado, la ambigüedad que sugiere la duda. Las personas tienen dos caras: el ser y el parecer.
El estilo literario es sencillo pero elaborado. Recurre muchas veces a proverbios, refranes, en fin, dichos del pueblo que, a veces, son los que mejor expresan el sentido de las cosas, "la sabiduría popular".
"Ya no estoy entre vosotros" es el primer libro que hemos leído en el club de lectura de la Universidad de la Experiencia. Ha resultado muy provechoso porque tuvimos primeramente la visita del profesor Saldaña que nos asesoró sobre cómo leer un libro y nos habló de la lectura como conversación del lector con el texto literario. Nos dijo que leer es dotar de vida al texto y presentó la literatura como una defensa contra las ofensas de la vida.
Otro día nos visitó Don Joaquín Casanova Chulilla, el editor, que nos hizo pasar un rato inolvidable contándonos, en clave de humor, las peripecias de su vida, hasta terminar en la edición de libros. Nos explicó muy bien el proceso de la edición, cómo se cuidan todos los detalles hasta que el libro aparece en el escaparate de las librerías.
Por fin, el último día disfrutamos de la presencia del autor quien nos introdujo en la génesis de una obra literaria. Cada escritor tiene sus métodos, una vez es como un fogonazo, surge la idea y hay que plasmarla en el papel; otras veces lleva más tiempo rondando por la cabeza y pueden pasar años hasta que se le da forma.
Contestó amablemente a cuantas preguntas se le hicieron. Es una pena que el grupo sea tan numeroso por lo que es prácticamente imposible que todos los miembros puedan participar.
(BLOG: http://lamujerjubilada.blogspot.com.es/)
viernes, 5 de diciembre de 2014
SIEMPRE QUEDARÁ PARÍS por Alberto SERRANO DOLADER
Caspe Literario. “Siempre Quedará París” De Ramón Acín.
(en El Agitador. Publicación bajoaragonesa de agitación y Propaganda)
por Alberto Serrano Dolader.
Va para diez años, el 8 de
noviembre de 2005, el catedrático de literatura Ramón Acín presentó en Zaragoza
su novela “Siempre quedará París”, retrato literario de las peripecias humanas
que vivieron los maquis en su lucha antifranquista por tierras de Aragón. El
autor declaró a la prensa: “Para este libro ha sido determinante el hecho de
que conociera a Ángel Fernández en Toulouse. Él era quien conducía el coche de
quienes iban a atentar contra Franco en Caspe, un atentado que se suspendió
cuando se enteraron de que en el tren iban muchos civiles”. El volumen
prometía. Adquirí el libro (doscientas páginas del sello sevillano Algaida) y
no me defraudó. Me vuelve a agradar ahora, cuando lo releo.
Ciertamente, el episodio (“el intento más serio de matar al Generalísimo en las
cercanías de Caspe” p. 138) solo aparece de refilón y mediado ya el texto.
Pero la obra, que no se plantea como lección de historia sino como creación
literaria, perfila atinadamente la idiosincrasia de quienes protagonizaron
aquel movimiento guerrillero. Aunque la sombra de los preparativos del atentado
se intuye como fondo en algunas páginas, el párrafo más directo y casi único se
inserta en el momento en que una cuadrilla que se movía por el Sobrarbe y los
somontanos se dirige hacia el sur: “Habían recibido la orden de estar
atentos a lo que pudiera ocurrir en las proximidades del Ebro, entre Sástago y
Caspe, donde estaba prevista una acción que, según les fue comunicada en clave
desde Francia, perseguía los máximos objetivos. ‘Una acción definitiva contra
FFS’, decía el mensaje”, o sea: “Franco, Falange y Secuaces” (p.
129).
Autor de numerosos artículos sobre literatura y de varios libros de
narrativa, dinamizador de programas de promoción a la lectura, jurado del
Premio Nacional de Poesía y Ensayo… Ramón Acín ha visitado Caspe en no pocas
ocasiones, ya sea para participar en ferias del libro y firmar ejemplares
(1996), para integrar tribunales encargados de fallar certámenes literarios
(1999), o presentar a autores de prestigio en charlas públicas (por ejemplo, en
2013 Manuel Vicent).
El protagonista que hace las veces de hilo conductor de “Siempre quedará
París” es Villacampa, un ex oficial del ejército de la República, exiliado
en Francia (donde luchó en la Resistencia) que a mediados de los cuarenta entra
por el valle de Arán al mando de una partida dispuesta a combatir la dictadura
en tierras aragonesas. El dibujo biográfico del personaje de la novela tiene
mucho que ver con el guerrillero sobrarbense Joaquín Arasanz Raso (1917-1995),
que respondió al mismo alias.
Estratega y hombre de acción con nervios templados, el Villacampa del relato ha
llevado una vida que ha sido “un auténtico mantenerse en pie, en combate
permanente. A la búsqueda de una inasible victoria” (p. 19). Fiel a
sus camaradas y a su ideal “jamás se ha separado de la pistola, una
miniatura casi femenina, arrebatada al cadáver de un teniente alemán después de
la batalla de La Magdeleine” (p 36).
En la segunda parte de la novela
juega un papel destacado Luisa, una maestra de la última promoción de la
República que ejerció en Caspe, donde permaneció “hasta que se produjo la
evacuación de la ciudad ante la avalancha fascista, mediado el invierno del 38” (p.160).
Se enamoró de Joseph Pons i Cerdanyola (“tenso, fuerte, atento y vigilante como
buen defensor de la República”, p. 161), quien también fue maestro, en
Barcelona, antes de que la guerra lo convirtiese en oficial de la 9º Brigada
Mixta (“Él era de los que se entregaban de verdad. Sabía sacrificarse”, p.
186). No sé yo si la Luisa literaria deberá algo a la real Palmira Plá, una
cretense que impartió docencia en el Caspe de aquellos años. Víctor Juan
estudió a fondo a Palmira y noveló su romance con el combatiente republicano
Paco Ponzán (“Por escribir sus nombres”, 2007).
El caso es que en la obra de Ramón Acín, Luisa y Joseph se verán por última
vez, muy enamorados, en marzo de 1938, en Bot. El conflicto bélico les impide
reencontrarse. Tras la victoria de Franco, ella convierte la búsqueda de su
amado “en el guión de su vida” (p. 167). En 1960 – todavía no sabe si
él está vivo o muerto- la maestra ve pasar los días en una pardina del Pirineo:
“Luisa
suele mirar primero y, a continuación, sonreír. Lo hace siempre. Es su habitual
forma de dar la bienvenida.
(…) ‘Una loca’,
tiende a pensar todo el mundo cuando se topa con ella. A la perplejidad y al
recelo que inyecta su andar desgarbado se superponen los gestos sin control de
su rostro o los tembleques de su cuerpo. Y, a veces, también un avizorar
desabrido que, después de su sonrisa, cuando se le manifiesta, atrae como un
imán hasta hundir un océano de incertidumbres a quien la saluda. Sin
embargo, la apariencia nunca es la realidad” (p. 147).
Cuando, en 1961, Luisa se entere de que Joseph murió en 1950 cerca de Valencia,
al intentar enlazar con el Grupo Guerrillero de Levante, sabrá también que en
la postguerra su enamorado se convirtió en “pieza clave de los servicios
de inteligencia” de quienes se enfrentaban al nuevo régimen: “Borraba
huellas como nadie. Adquirió identidades insospechadas y estuvo donde nadie
podía imaginarlo” (p. 186).
No quiero que se me olvide Mauricio el Fusilao, secundario de la novela que en
el relato literario también era de Caspe:
“Cuando
los fascistas ocuparon su pueblo, los ardores republicanos que profesaba le
llevaron sin preámbulo alguno al pelotón de fusilamiento. Un anochecer de
agosto, en del 36, junto a otros represaliados, en un barranco de las afueras
le aplicaron el más expedito concepto del juicio sumarísimo. El que empieza por
el final: la muerte. Entre el amasijo de cuerpos abatidos, la suerte le salió
al encuentro en dos ocasiones. La primera, tal vez, el tirador tocado en suerte
fuera inexperto o tal vez errase a propósito. La segunda, el oficial que daba
el tiro de gracia ahorró balas, descerrajando únicamente a los que se
lamentaban de no haber muerto en el acto. Sigiloso, se escurrió por el barranco
y ganó las líneas republicanas…” (168).
Este pasaje está inspirado en lo que le ocurrió al maellano Mariano Mustieles
García, con quien no pudo acabar ni el pelotón de fusilamiento, ni el oficial
encargado de pegarle el tiro de gracia… pero ni aún así se libró de la prisión.
Quien quiera conocer su sorprendente historia que acuda al documentado trabajo
que José Luis Ledesma publicó en el volumen colectivo “Los años de los que
no te hablé II” (Los libros del Agitador, 2013).
Alberto Serrano Dolader
lunes, 23 de junio de 2014
YA NO ESTOY ENTRE VOSOTROS en ALGUNOS BLOG
http://www.nullediesinelinea.es/2014/06/nombres-propios-escritores-de-aqui.html520/06/junio/201407:44
Nombres propios:Escritores de aquí
Acín es catedrático de Lengua y Literatura en la Universidad de Zaragoza,
escritor y crítico literario. Ha publicado libros de cuentos, novelas,
dietarios y ensayos. En toda la amplia y compleja profundidad del término, es
un hombre de letras, una persona que vive bajo el aura de la creatividad y
husmea en todo momento ese inquietante -- y muchas veces incómodo y hasta
angustiante-- efluvio que emana de la humanidad, donde el escritor de raza va
hilvanando de forma incesante historias y personajes, escenarios, impresiones,
colores y emociones. La historia que desvela en "Ya no estoy entre
vosotros" (quizá un título demasiado obvio y banal para la carga emocional
y crítica que se va desgranando en la novela) --con un estilo que recuerda a un
Balzac o a un Mauriac-- refleja con pericia una saga familiar provinciana y
poderosa enfrentada al duelo por una mujer, la abuela, epítome de fuerza y
centro radial de una familia en decadencia. El observador, "el nieto
preferido" aporta la mirada del ausente, desapegada aunque no neutral.
Testigo crítico, austero y reflexivo, va comentando las entradas y salidas de
los personajes, la familia, los vecinos. Deja un sabor amargo y melancólico,
como cuando uno acaba de leer al Joyce de "Dublineses", concretamente
su relato "Los muertos".
El objetivo de una novela apunta de normal hacia el
compendio total de una época, de una vida. Un retrato de la misma con la
fidelidad que proporciona la ficción y el apoyo de la realidad. Esto es lo que
ha conseguido Ramón Acín con Ya
no estoy entre vosotros.
La muerte de la abuela en la casona familiar permite a Ramón Acín recorrer
tiempos no muy lejanos a través de la historia de una familia, poderosa en la ciudad
pequeña y en la comarca, un auténtico clan regido por la voz autoritaria de esa
abuela ahora en el ataúd y a la que han venido a velar casi todos los
descendientes y allegados. Narración trazada desde el punto de vista del nieto,
(ahora ronda la cincuentena) que ante el cadáver de la abuela revive sus
recuerdos infantiles con los primos (sobre todo con Elisa). Poco a poco abre el
abanico para mostrarnos todos los personajes que habitaron la casona. Unos
recuerdos que va entrelazando con familiares (abuelo, tíos, primos) que tiene
delante, en el velatorio y con quienes va hablando, recordando y mostrando su
vida actual y su historia. Pasando factura, también. Pasado y presente. Una
disección de cada miembro de la familia (incluido el narrador), un análisis
detenido de muchos de ellos, tanto de los que lograron romper el cerco opresor
de la abuela como de los que quedaron atrapados en la casona. Comenzando por la jefa del clan,
la abuela autoritaria, santurrona y manipuladora, una actitud que daba pie a la
duda, a si detrás de ese proceder no escondía algo. Siempre, el poder. La
abuela lo mantuvo con mano dura. Su muerte marca el fin de una época, de una
forma de vivir ya periclitada en la que de los tiempos de abolengo solo
permanece la añoranza.
Novela muy bien ambientada, en la época y en el
paisaje, que es fácilmente reconocible. Ramón Acín nos tiene acostumbrados a un
lenguaje claro y preciso y en Ya no estoy entre vosotros lo expone con
maestría. Una novela llena de vitalidad y que engancha desde la primera página
LA FAMILIA QUE SE FUE A LA RUINA (por MARÍA DUBON)
La abuela del
protagonista, y matriarca de los Alba, ha fallecido y su muerte convoca a
familiares y allegados en un velatorio que servirá de excusa para revisar el
pasado de la estirpe. Ramón, el nieto preferido de la finada, ha llegado con el
tiempo justo para despedirse de la centenaria anciana, de esa abuela glamurosa
y severa, afectuosa y dura, contradictoria, que repartía cariño y miedo en
estudiadas dosis. La muerte permite a Ramón ver a su abuela con ojos nuevos,
los de un hombre adulto que contempla la figura engrandecida por la infancia en
su dimensión real. Porque la abuela, líder incontestable de la familia Alba,
tenía el alma llena de heridas y cicatrices, tal vez por eso blindó con hierro
su corazón, se volvió despótica y cruel y organizó vidas ajenas a su antojo,
lanzando sentencias inapelables que establecerían rumbos y determinarían
destinos.
La abuela muerta, su cuerpo pequeño y seco, encajado en un ataúd, es la confirmación de un final que se anuncia en el deterioro de la vieja casona, amenazada de ruina inminente, y en esa familia dispersa, al fin libre de la opresión que ejerció la anciana, aunque marcada para siempre por las secuelas de palabras y decretos antojadizos.
Los reencuentros entre parientes sirven para evocar el pasado y reescribir un presente que no es sino la consecuencia de mentiras, verdades, ocultaciones y realidades adaptadas para que resulten más llevaderas, para que no se conviertan en un lastre oneroso en la conciencia. A través de recuerdos y conversaciones conocemos a los miembros de la familia y sabemos de la vida de Ramón, condicionado desde niño por la dominante presencia de su abuela, influido por sus decisiones, trastocado por un acontecimiento dramático que ha anegado su existencia con una tristeza que le devora las entrañas.
Ramón revive su pasado en la casona de los Alba, cuando la alcurnia de sus moradores los colocaba a una altura orgullosa y distante, muy alejada de los demás habitantes de aquella pequeña ciudad de provincias en la que reinaron en tiempos pretéritos. Los juegos infantiles con los primos, los secretos que toda familia guarda y que casi siempre afloran para que el tiempo cumpla su cometido y coloque cada cosa en su sitio, los oropeles y las miserias de los Alba, se desgranan en los capítulos de Ya no estoy entre vosotros, aderezados con unas imprescindibles notas a pie de página, en las que el editor o el autor centran la historia.
Ramón Acín narra con agilidad y maestría las interioridades de una familia que se derrumba con la muerte de la abuela. Su prosa nos lleva por escenarios íntimos, por los recovecos de unos personajes descritos con brillantez. No puedo pasar por alto al reseñar la obra la magistral descripción que el autor hace sobre la literatura, un perfecto esbozo que esclarece cualquier teoría, aportando un conocimiento profundo y certero sobre el oficio de escribir y que concluye con una reflexión filosófica acerca de la vida.
La literatura y la vida, también la omnipresencia de la muerte, se dejan sentir en las páginas de Ya no estoy entre vosotros. “Todo a la mierda” es una frase lapidaria que encierra el sentido de esta farsa que llamamos vida. Ramón Acín lo ha descubierto y deja ahí sus conclusiones, para quien las quiera adoptar.
(Publicada en ARTES y LETRAS. Herado de Aragón. 17 de Junio 2014)
La abuela muerta, su cuerpo pequeño y seco, encajado en un ataúd, es la confirmación de un final que se anuncia en el deterioro de la vieja casona, amenazada de ruina inminente, y en esa familia dispersa, al fin libre de la opresión que ejerció la anciana, aunque marcada para siempre por las secuelas de palabras y decretos antojadizos.
Los reencuentros entre parientes sirven para evocar el pasado y reescribir un presente que no es sino la consecuencia de mentiras, verdades, ocultaciones y realidades adaptadas para que resulten más llevaderas, para que no se conviertan en un lastre oneroso en la conciencia. A través de recuerdos y conversaciones conocemos a los miembros de la familia y sabemos de la vida de Ramón, condicionado desde niño por la dominante presencia de su abuela, influido por sus decisiones, trastocado por un acontecimiento dramático que ha anegado su existencia con una tristeza que le devora las entrañas.
Ramón revive su pasado en la casona de los Alba, cuando la alcurnia de sus moradores los colocaba a una altura orgullosa y distante, muy alejada de los demás habitantes de aquella pequeña ciudad de provincias en la que reinaron en tiempos pretéritos. Los juegos infantiles con los primos, los secretos que toda familia guarda y que casi siempre afloran para que el tiempo cumpla su cometido y coloque cada cosa en su sitio, los oropeles y las miserias de los Alba, se desgranan en los capítulos de Ya no estoy entre vosotros, aderezados con unas imprescindibles notas a pie de página, en las que el editor o el autor centran la historia.
Ramón Acín narra con agilidad y maestría las interioridades de una familia que se derrumba con la muerte de la abuela. Su prosa nos lleva por escenarios íntimos, por los recovecos de unos personajes descritos con brillantez. No puedo pasar por alto al reseñar la obra la magistral descripción que el autor hace sobre la literatura, un perfecto esbozo que esclarece cualquier teoría, aportando un conocimiento profundo y certero sobre el oficio de escribir y que concluye con una reflexión filosófica acerca de la vida.
La literatura y la vida, también la omnipresencia de la muerte, se dejan sentir en las páginas de Ya no estoy entre vosotros. “Todo a la mierda” es una frase lapidaria que encierra el sentido de esta farsa que llamamos vida. Ramón Acín lo ha descubierto y deja ahí sus conclusiones, para quien las quiera adoptar.
(Publicada en ARTES y LETRAS. Herado de Aragón. 17 de Junio 2014)
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