viernes, 1 de mayo de 2009

LECTURA, CULTURA Y MERCADO

LECTURA, CULTURA Y MERCADO

Ramón Acín nos muestra su certera visión del mundo de la cultura y de la literatura en “Cuando es larga la sombra” (Mira, Zaragoza, 2009; 146 páginas),, y el panorama que describe resulta descorazonador: la cultura ha pasado a ser un producto más de la sociedad de mercado, el lector es mero consumidor, no existe canon artístico, el libro ha perdido su papel hegemónico frente a las nuevas tecnologías, la novela actual es un ejercicio de autoanálisis que rinde pleitesía al yo, el escritor es un obrero de la pluma, la función del crítico ha desaparecido, las editoriales venden sus artefactos a golpe de publicidad… Acín desarrolla éstas y otras cuestiones y “Cuando es larga la sombra” se convierte en un soberbio ensayo que analiza de forma ágil, amena y didáctica los problemas que aquejan a nuestra literatura. Es una crítica feroz a la cultura de mercado, un texto que defiende la Literatura.

La cultura se ha democratizado y esto, “per se” no es malo, aunque tampoco puede afirmarse que sea bueno. Hay que ofrecer productos que lleguen a una amplia diversidad de personas, por eso la cultura ha rebajado su nivel con el fin de resultar accesible para la mayoría: un público sin demasiado criterio y poco exigente que se conforma con lo que le echan. La cultura ha dejado de tener una función formativa, se mueve por intereses puramente comerciales y busca, ante todo, ser económicamente rentable. Una buena novela es una novela que se vende por millares, es la más comprada, al margen de su calidad literaria, desdeñando su contenido y, a falta de un canon literario, cualquier texto puede obtener el calificativo de literario. También el crítico se ha adaptado a los nuevos tiempos, el juez justo que ilumina al lector con su verdad se ha convertido en un simple comentarista al servicio de la propaganda, no de la literatura.

Un literato no es la persona que escribe bien, con mayor o menor grado de excelencia. El escritor actual se valora más por su fama, por su éxito y por su capacidad de generar ventas, que por su habilidad al provocar emociones o suscitar reflexiones. La cantidad de obras vendidas se equipara al valor literario. “tanto vendes, tanto vales”, es la máxima que se aplica al autor, de manera que vender, y no escribir, es el objetivo. La obra, ante todo, ha de ser rentable porque las editoriales son parte de grupos económicos que dedican sus esfuerzos a obtener beneficios, que manejan el mercado, crean cultura, influyen en ella, venden productos y realzan el valor de los mismos con su prestigio.

Y llegamos a la última pieza del engranaje, al lector. En las escuelas no se enseña a leer. Leer es algo más que interpretar signos, requiere capacidad de abstracción, juicio analítico, comprensión del texto, y en las aulas no se fomenta este tipo de lectura. Leer no es una tarea escolar más. Leer es gozar de una actividad íntima y placentera, es abrir la mente para contemplar el panorama que el libro nos muestra, es aprender, sentir, pensar… Y la mayoría de nuestros estudiantes no saben leer de esta manera. Buena parte de los lectores escoge libros que le diviertan, que le alejen de la rutina cotidiana, las editoriales lo saben, los escritores lo saben y así la “literatura” se llena de obras endebles, de palabrería vana que no ahonda en ninguna cuestión. Porque la reflexión, la maduración de una idea, requiere tiempo. Ramón Acín no vislumbra un final feliz.
María Dubón.
"Artes y Letras", nº 258 (30-IV-2009).
HERALDO DE ARAGON.

martes, 28 de abril de 2009

A propósito de "Cuando es larga la sombra"

“… Me ha encantado la valentía con la que se afronta el tema de los cambios producidos en el mundo editorial debido entre otras cosas a la aparición de las nuevas tecnologías y a las transformaciones sociales a las que estamos asistiendo. Los cambios en la forma (de la sección de cultura a la de ocio o de editoriales a grupos empresariales, por ejemplo) y en el contenido de las palabras (el concepto de editor, de autor, de agente literario, de crítico literario, de lector)son un claro reflejo de lo que está ocurriendo. Del arte al mercado, del papel de faro del crítico a su tarea de publicista, de la novela social a la psicológica, del periódico impreso al digital, la importancia de la inmediatez, de lo nuevo, de lo joven...Se trata de un trabajo con una estructura coherente que te lleva de lo más general a lo particular, a la novela (formatos, temas, etc.), escrito por una voz autorizada (escritor, crítico, lector, "agente literario (acerca a creadores a las aulas)" y buen conocedor del mundo editorial. Me ha parecido un trabajo fascinante en el que se hace una buena radiografía sobre el mundo de la cultura. Se lee de un tirón e interesa a cualquier persona”.

Ricardo Morant , profesor Facultat de Filología. Universidad de Valencia

viernes, 3 de abril de 2009

CUANDO ES LARGA LA SOMBRA

Arte o producto

Ramón Acín reflexiona sobre los nuevos lenguajes literarios en ´Cuando es larga la sombra´.

 

Ese narrador de ficciones existenciales y crítico literario que es Ramón Acín nos ha sorprendido esta vez con un ensayo sobre el momento actual de la escritura. Del lenguaje, de su percepción en el universo multimedia, de la creación novelística y del futuro mercado de los libros. Temas, todos ellos, como pueden ver, de candente y polémica actualidad. El ensayo se titula Cuando es larga la sombra, y ha sido editado por la Biblioteca de Estudios de Mira Editores.

En el capítulo dedicado a Recepción literaria y mercado, el autor nos proporciona una clave que destila lucidez: "La tradicional tarea del medio escrito para transmitir conocimientos ha sido tocada en el centro mismo de su corazón. No sólo porque ya no es el único vehículo transmisor, sino porque las pautas de lectura se están viendo obligadas a acomodarse a la nueva situación".

El marco de esos nuevos soportes o escenarios culturales es borroso. Acín deduce que los programas educativos interactivos se parecen cada vez más, y cada vez más sospechamente, a los vulgares videojuegos; que las noticias se emiten como espectáculos audiovisuales, y que los juegos, a su vez, son presentados para su consumo, al público, en forma de culebrones.

¿Hay, en el mercado, una confusión azarosa o concurre, en su río revuelto, una oscura deliberación? En cualquier caso, las leyes de los nuevos mercados parecen haberse impuesto con tanta fuerza en una sociedad que, en opinión de Acín, comienza a desestructurarse, puesto que los jóvenes y futuros lectores parecen en mucha mayor medida fascinados por el dinero fácil y el poder que otorga que por la cultura y la formación literaria. De la misma manera que, sin la menor piedad, estamos asistiendo con impotencia a la intromisión de ese mercado salvaje en el universo infantil, hasta el santuario anímico de lectores que lo serán en las próximas décadas.

Actualmente, según la visión que se nos proporciona en Cuando es larga la sombra, "el lector está descolocado, disperso y atacado por una inestabilidad incesante e inagotable". Ese lector, indefenso ante la avalancha de material escrito, informático, visual y auditivo que se le viene encima desde toda clase de soportes, construye, en opinión de Acín, una especie de supertexto, un artefacto, saco o cajón de sastre donde todo cabe pero nada aprovecha ni se ensambla con el resto de elementos que van configurando el nuevo saber.

No sólo el lector, también el crítico atraviesa una fase de desconcierto. Su influencia ha disminuido frente a la omnipresencia del mercado, que decide, en su lugar, qué libros se venden. ¿Es irrelevante por eso?

En el capítulo de la crítica habría que hablar, también, de su calidad, de su creciente intrusismo y de los numerosos cementerios de escritores fracasados que, heridos por su decepción, destilan en sus reseñas un rencor vitalicio y generalmente estéril contra aquellos otros que, en la cara de la moneda, ven cómo la suerte editorial y el mercado les sonríen.

También los autores, salvo los que tienen talento y aquellos cuya sombra es larga sufren de olvido. Muchos de los citados por Acín apenas venden --¿son peores por eso?--, mientras emergen otros, procedentes de los géneros y de los nuevos mercados.

¿Es la literatura un producto o un arte? Busquen la respuesta en este interesante ensayo.

Escritor y periodista

EL PERIODICO DE ARAGON.

3-Abril-2009

sábado, 14 de febrero de 2009

MUERDE EL SILENCIO

“La historia de tres mujeres a lo largo de casi 100 años en los que sufren la vida de la montaña desde la nostalgia, la alegría y la tristeza. Todo ello, con un fondo tejido con los acontecimientos claves de la historia de España del siglo XIX y XX, desde la guerra de Cuba hasta el Desastre del Barranco del Lobo en África, pero siempre anclado en el paisaje del Pirineo”. Eva Orué. Divertinajes.com

Progreso y tradición se enfrentan en “Muerde el silencio”, de Ramón Acín Los acontecimientos del Pirineo y España se muestran a través de una familia del Valle de Tena Ramón Acín ha situado en las tierras de su infancia y adolescencia la lucha entre las costumbres y la modernidad, para lo que se ha servido de la historia de una familia que quiere mantener intacto el mundo tradicional, el futuro y los cambios que conlleva. Todo ello ocurre en el Valle de Tena, aunque Acín aclara que “podría ser cualquier otro porque las anécdotas no son exclusivamente de este valle”. El escenario es “el Pirineo en sí mismo”. HUESCA.- En “Muerde el silencio”, último título publicado de Ramón Acín, el Pirineo altoaragonés se convierte en escenario de uno de los conflictos más antiguos que existen: la contienda entre la tradición y el progreso. Ramón Acín (Piedrafita de Jaca, 1953), doctor en Filología en la Universidad de Zaragoza, catedrático de Lengua y Literatura y autor de una veintena de obras, ha situado en las tierras de su infancia y adolescencia esta lucha entre costumbres y modernidad. Para ello se vale de la historia de una familia del Valle de Tena, más concretamente de la abuela Ángela, la madre Angelita y la nieta Angelina y del papel simbólico que cada una de ellas representa y que, respectivamente, es el del mundo tradicional, las ganas de mantenerlo intacto y el futuro y los cambios que lleva consigo. El libro supone la visión de alguien que ha pasado por los dos momentos por los que discurre la novela: el cambio y la tradición. En palabras de su autor, es “cómo esa persona vio el paisaje y el paisanaje de la zona en el pasado y cómo lo ve ahora, habiendo pasado 60 años entre un momento y otro”. Los tres protagonistas sumados conforman a su vez otro personaje, que recorre la historia de España y del Pirineo oscense. Así, tenemos constantes referencias a acontecimientos del siglo pasado como son la Guerra Civil o la de África. Estos acontecimientos pasados y la gente que nació y creció en los valles pirenaicos se ven desplazados al morir el último juez de paz del pueblo. “Aquí aparece el color negro en la novela. Empieza el negro futuro que se cierne sobre la vida tradicional”, afirma Ramón Acín. Es en este momento cuando la vida tradicional pierde otra de sus figuras representativas, que es reemplazada por la llegada de las obras hidráulicas y lo que se concibe como destrucción de su hábitat tradicional. Además, los antiguos habitantes deben enfrentarse a otro desafío: la llegada de “las golondrinas, que llegan con el verano y desaparecen con el invierno”. Estas golondrinas no son, ni más ni menos, que “los turistas, los veraneantes, los que tienen segunda residencia en el Pirineo”. Ellos son los que cambiarán la forma de vivir en el valle, sus tradiciones, sus historias y su memoria. La casa ya no será más el eje de convivencia y los vecinos del pueblo, en el que antaño se conocían todos, se convierten en seres extraños, “anónimos” con la llegada de estas “golondrinas”. Todo ello ocurre en el Valle de Tena, aunque Ramón Acín aclara que “podría ser cualquier otro porque las anécdotas no son exclusivamente de este valle, sino de muchos más”. Este deseo de no identificar el lugar de la acción únicamente en este valle está acompañado por el hecho de que en el libro se usen muchos topónimos reales pero no se nombre dónde están. Esto es así por el interés del autor de “no centrar la obra en ningún punto concreto que no sea el Pirineo aragonés. El escenario en el que transcurren los hechos es el Pirineo en sí mismo”. (Óscar ISARRE, Diario del Alto Aragón, 30 de Diciembre 2007).

 En "Muerde el silencio" no hay una sola historia; es una novela llena de pequeñas historias, salpicada por multitud de personajes cada cual más conmovedor. Aquí está el mozo que pierde sus mejores años saltando de guerra en guerra con el ejército colonial español; el peón que trabaja en todo lo que sale para alimentar a su prole, el aviador francés que huye de los nazis, el ingeniero madrileño que socava el valle y se lleva su mejor tesoro, el montañés pacífico obligado a construir refugios para matar, el hombre atrapado por la cazalla y rematado por la lejía, el enfermo amargado que disfruta amargando a los demás, el hombre que cambia la boina por el sombrero y la vida de señorito en zaragoza. Y detrás de ellos, mujeres; como han sido tradicionalmente las mujeres de nuestro pueblos: resistentes, sacrificadas, entregadas a su casa aun a costa de dejarse la salud y la vida. Esta es una novela emocionante de principio a fin, escrita con pasión, con intensidad, incluso con desgarro. Una novela escrita con pulcritud, con primor, con una gran riqueza verbal, pero también con ritmo y amenidad. Una novela que habla de un territorio enfrentado a cambios físicos y sociales que supondrán una ruptura total con todo lo anterior, una ruptura tan inevitable como dolorosa. Y una novela en la cual lo que menos importa es el final (Miguel Mena. "Artes y Letras". Heraldo de Aragón. 24-I-2008)

 "Ramón Acín publica Muerde el silencio (Algaida), una novela donde narra la vida de los montañeses, la existencia llena de sobresaltos de tres mujeres (abuela, madre e hija) y aborda también el conflicto entre la ciudad y el campo. Oímos el cántico de los ríos, el temblor de aire en las plantas, la resonancia de las montañas, percibimos los amores imposibles, tempestuosos, mudos como un peñasco inabordable”. (Antón Castro. Heraldo de Aragón. Huesca)

“Juan Goytisolo me dijo en una ocasión que para él un buen libro es aquél que cuando uno lo termina decide recomenzarlo. Éste es el caso de Muerde el silencio… libro lírico y contundente donde la peripecia vital de esta gente se narra de una forma neutra, aquí nadie juzga, no hay valoraciones morales, sólo están lo hechos fríos, duros, que entran como cuchillos en la conciencia casi sin darnos cuenta. Mientras leí la novela, evoqué la novela de William Faulkner, Mientras agonizo. La diferencia es que en Faulkner el paisaje es el que construye, quiero decir que es la muerte misma. Y, en cambio, en la novela de Acín es el paisaje quien invoca a la muerte. Después de leer esta novela, una tiene una fuerte impresión de que es la Naturaleza la que habla, el único superviviente, que mira impertérrito el sinsentido de los hombres y su breve lapso de existencia” (Paula Izquierdo. Letra Internacional)

“La relación de Ramón Acín con el territorio físico donde habitualmente transcurre su vida suele impregnar sus obras de imaginación. Por eso no es raro que este último libro encuadre su ficción en un espacio – el llamado Valle, a secas – que, aunque mítico, concentra muchas referencias de la montaña de Huesca y del valle de Tena, tan familiar al autor. Como se sabe, la conversión de territorios reales en míticos o literarios es antigua, pero en el siglo XX recobró mucha fuerza a través del Yoknapatawpha faulkneriano, determinante, en lengua española, de otros espacios imaginarios como el Santa María de Onetti, la Región de Juan Benet, el Macondo de García Márquez, y más recientemente el “reino” de Celama, de Luis Mateo Diez... Un territorio mítico de la literatura acota una parcela imaginaria convirtiéndola en arquetipo, reconstruyéndola de modo que, sin perder una referencia reconocible de lo real -conductas, tramas, encuentros, pérdidas– presente también un contenido simbólico. Muerde el silencio narra pues una parte de la vida de ese “Valle” que, trasunto imaginario de espacios reales en las auténticas montañas oscenses, cobra sentido simbólico a través de la mirada y de la voluntad del autor… La novela, en fin, narra estilizadamente, integrando diversos espacios temporales, una historia personal de desarraigo y perplejidad, y otra colectiva, de agonía y consunción, sobre uno de esos espacios españoles, que, acaso por no utilizar el chantaje de las noblezas históricas y no fomentar agresivamente las particularidades, han conocido el deterioro y la extinción en plena contemporaneidad. (José María Merino. Cuadernos Hispanoamericanos)

LA LÍNEA QUE COME DE TU MANO

“Las relaciones entre el Periodismo y la Literatura son una constante, al menos desde los tiempos de Larra… R. Acín, escritor y periodista él mismo, ha publicado un lucido ensayo sobre el tema. Pero aunque el tema es conocido, el tratamiento no ha sido el previsible. Lejos de comentar figuras que han practicado ambos géneros o rasgos de estilo literario imputables al periodismo, R.A. ha abordado la cuestión desde una perspectiva ideológica. El resultado ha sido una tesis provocadora y, a mi parecer, notablemente original: la de que el modelo consumista de los mass media ha alterado la literatura de raíz, hasta el punto de convertirla ya no en un género textual, sino, incluso, en una experiencia vital enteramente diferente de lo que ha venido siendo hasta ahora…” (Ángel López, Revista COMUNICACIÓN Y ESTUDIOS UNIVERSITARIOS) 

“Especialista en el mercado editorial, quiere Ramón Acín denunciar en La línea que come de tu mano –título delator donde los haya- no ya la salvaje insensibilidad del mercado, sino la asfixiante tiranía del mercadeo, que hace imposible, según el ensayista, analizar el hecho literario desde “un orden lógico al dictado de la razón”. Acín es incisivo, nada complaciente… Todos somos responsables, viene a decir, del triunfo del consumo, que mide siempre con vara interesada y vicia hasta los últimos confines de la mancillada galaxia Gutemberg.” (Antonio Losantos. El Parnaso. DIARIO DE TERUEL) 

“Los medios de comunicación –explica el autor de este ensayo- remueven la hojarasca, transforman su tradicional mensaje en ruido… Uno de los aspectos que más me gustan de este ensayo, además de su análisis riguroso, es su valentía para denunciar los vicios de determinados sectores de las letras, de todos los cuales él forma parte, aunque, por fortuna, no comparte esas desviaciones. Ramón Acín –autor, crítico, editor y, por encima de todo eso, lector- hace un ejercicio de autocrítica y detalla cómo afecta esa industrialización del libro al autor, al lector, al crítico y, en definitiva, a la literatura” (Juan Carlos Soriano. El Ojo Crítico. RADIO NACIONAL) 

El subtítulo reza Aproximación al simulacro. Y cuadra bien con el contenido del libro. Se trata de un ensayo sobre la cultura actual, la de nuestros días, en particular la novela. Se trata de una crítica densa. Pone en evidencia el que hoy la realidad no es lo que está ahí sino lo que nombra, lo que se "dice". No se trata como podría esperarse se una crítica del mercantilismo, que también lo es, sino de algo más profundo. Hay un cambio de "estética", de estilo, de modo de hacer. La superproducción de libros, en particular, que es una exigencia del mercado, ha conducido a abandonar los contenidos y favorecer los "contenedores". Los cambios de la sociedad al estabilizarse, durante la transición, ha inducido un cambio en la función de lo escrito, de relativamente provocadora, se ha llegado a exclusivamente "lúdica", de representación. La perdida de valores hace que ya no hay necesidad de hablar del bien y del mal o de lo bello y lo feo. El mensaje ya no reside en la obra, sino en el medio, medio, entonces ha de ser espectacular. De ahí que lo fundamental reside en que los autores sean conocidos, por lo que sea. Lo importante es que suenen. Junto a esto hace falta que sea noticia, anécdota más historia o reflexión. Es un ensayo duro pero que hace reflexionar sobre lo que estamos "asimilando" con "las líneas que comen de tu mano". Y nos muestra que en el caso de la novela actual se logra la uniformización del lector, preparándole así para la próxima "publicación"; una verdadera producción en serie, la del producto y la del consumidor. Un texto para pensar y repensar. (Antonio Campillo. LIBERTAD DIGITAL)

EN CUARENTENA. LITERATURA Y MERCADO

Ramón Acín reúne en su personalidad la experiencia directa de casi todos los papeles que se pueden desarrollar en el marco de lo que un importante sector de la teoría actual, de impronta empírica y reconocido pragmatismo, denomina «sistema literario». Es, ante todo, un buen lector, primero de aquellos roles que se suele adoptar, pero desde semejante función primordial ha ido ejerciendo sucesiva o simultáneamente la de creador de relatos, la de profesor de literatura, la de critico en periódicos como el «Heraldo de Aragón» o «Diario 16», y la de director de colecciones, por ejemplo las «Crónicas del alba» editadas por el Gobierno de Aragón, o revistas culturales como «El bosque». Después de haber publicado en 1991 un interesante ensayo titulado «Narrativa o consumo literario», vuelve ahora, con la presente obra, a incidir en un tipo de estudios no excesivamente frecuente entre nosotros, pero en todo caso fundamental para comprender la vera realidad de la literatura en estos momentos de posmodernidad. Me refiero a la línea trazada desde Theodor Adorno, Walter Benjamin y, en general, la escuela de Frankfurt hasta dibujar los componentes materiales y economicistas de la producción artística y literaria, línea de la que vienen expresiones como por ejemplo «industrias de la lengua» o «de la literatura» que a nadie sorprenden ya, pues reflejan una evidencia irrefutable. A ello se refiere el subtítulo de Ramón Acín: Literatura y mercado. Y el título propiamente dicho de su ensayo apunta una actitud pesimista que a lo largo de sus páginas tiene lógicamente su confirmación. La literatura está, efectivamente, en cuarentena, aquejada de males que ponen en solfa su propia esencia: en especial el predominio de los elementos económicos de la industria que alimenta sobre la libertad del creador, y el debilitamiento en el seno de la obra misma de su voluntad, en cuanto discurso verbal, de perpetuarse inalterable en el tiempo. A este respecto, Acín encuentra síntomas muy preocupantes: lo que Gules Lipovetski denomina «el imperio de lo efímero», sustanciado en textos supuestamente literarios pero realmente «de usar y tirar» a los que el novelista Javier García Sánchez ha calificado de «libros tetrabrik», y la proliferación del escritor «profesionalizado, Bajo la férrea tutela de una industria editorial que, ante todo, busca beneficios, casi único sustitutivo, muy fiel a la época, de las diversas Formas de entender, en otros momentos, la !anea de la industria cultural». Aunque a lo largo de sus exposiciones Ramón Acín venga a coincidir frecuentemente con elaborados planteamientos teóricos en la línea antes apuntada, su libro aparece liberado de estas ataduras. Amén de coincidencias parciales con la «Empirische Literaturwissenschaft» de Sigfried J.Schmidt y el grupo germano Nikol, con los llamados «polisitemas» de Itamar Even Zohar y su desarrollo desde Lovaina por José Lambed, destaca en especial la concomitancia entre la metodología implícita en estos trabajos de Ramón Acín y el desarrollo por parte del sociólogo y antropólogo francés Pierre Bourdieu de su teoría del «champ littéraire», en el que cabe distinguir el «sub-campo de la gran producción» -la literatura de consumo masivo- y el «sub-campo de la producción restringida». Estamos, en definitiva, ante una colección compuesta por siete ensayos previamente publicados en revistas como «Ínsula», «Leer», «Lucanor» o «Barca-rola», que según su autor nos adelanta son textos de circunstancias, volcados más en el resumen interpretativo de la realidad literaria que en la propia investigación, con el deliberado propósito de «más mostrar que demostrar». En este sentido, «En cuarentena» cumple cabalmente su objetivo, pues viene a ser algo así como los «informes de coyuntura» que continuamente elaboran los investigadores de la Economía para orientar la toma de decisiones financieras o políticas, adelantándose a lo que serán más tarde análisis más profundos y elaborados. La coyuntura a la que se refiere Acín comprende más o menos el período de gobierno del partido socialista en España, pues el «terminus a quo» se sitúa en los primeros años ochenta y las referencias finales corresponden a 1993-1994, con la indudable expansión inicial de nuestra literatura, tanto entre sus lectores naturales como en el extranjero, el complejo proceso de la concentración editorial ya consolidado y el afianzamiento de un sistema homologable al de los países desarrollados, regido por la regla que Ramón Acín formula así: «El consumo manda y está ávido de novedad». De los siete ensayos que componen «En cuarentena» son especialmente destacables los tres primeros. El inicial trata de la literatura y los medios de comunicación, y los otros dos de diferentes aspectos de las difíciles relaciones entre la creación literaria, la industria y el comercio. En el capítulo quinto Ramón Acín examina el campo de nuestra novela actual a la luz de sus conclusiones previas, y confirma su diagnóstico de trivialización y banalidad al encontrar en ese género rasgos tales la huida de la realidad inmediata, la frivolidad y falta de sustancia o el refugio en el yo. Pese a su marcado pesimismo, no deja de proponer soluciones que serían algo así como el tratamiento imprescindible para que el paciente saliese con éxito de su cuarentena: la atención al lector selecto; la revitalización de la lectura en un mundo devaluado culturalmente, para lo que considera insustituibles la familia y el sistema educativo; la rehumanización de la enseñanza «lanzada hacia los "totems" de la tecnología y de la ciencia práctica»; el empleo de la televisión y la Prensa al servicio de todo ello, y la vigorización de las bibliotecas abiertas al público. La obra se completa con tres piezas más, dedicada la primera de ellas a trazar un panorama del cuento español entre 1975 y 1990, trabajo escrito para una benemérita revista de Pamplona, «Lucanor», que mantiene encendida la antorcha de este género ceniciento pero profundamente literario, y dos panoramas finales, más noticiosos que valorativos, correspondientes al desarrollo de nuestra literatura hasta ya entrados los años noventa. Pese a su condición de libro facticio, desprovisto de unidad a priori, y pese también a cierto faprestismo del que adolece su escritura («Finalmente, apuntar que el gran debate en la contabilidad de los suplementos literarios...», «los sempiternos problemas que han acompañado siempre al sector industrial del libro literario...») y su sucinto aparato documental (el coautor, junto a Ramón Hernández, de la antología citada en la página 73 no es García, sino González del Valle), «En cuarentena», de Ramón Acín, representa un testimonio muy apreciable de nuestra actualidad cultural, escrito desde una atalaya que intenta armonizar lo apocalíptico con lo analítico. (DARÍO VILLANUEVA, ABC literario)

LOS DEDOS DE LA MANO

“El crítico altoaragonés Ramón Acín ofrece un jugoso estudio. En él analiza con inteligencia y exhaustividad la atmósfera kafkiana de Tomeo, las mitologías cinéfilas y universitarias de Conget, el ámbito de sugerencias de Soledad Puértolas, la concisión inquietante de Pisón y los relatos sombríos de José María Latorre” (Antón Castro. La Cultura. EL PERIÓDICO DE ARAGÓN)