miércoles, 27 de abril de 2016

MONTE OSCURO, por María DUBÓ

27 de abril de 2016


Monte Oscuro

La Familia es un volcán sin cráter, una cueva sin
salida, una noche sin luna, una madeja sin hilo 
de Ariadna, un bosque sin migas de pan.



La falda del Monte Oscuro es el lugar donde transcurren 
los hechos. La Casa es la guarida habitada por una 
amilia de alimañas, de individuos llenos de aristas que 
hieren, lastrados por un pasado turbio que aflora para 
lavarse del polvo de los años e impregnarse de realidad. 
Cada familia tiene sus ovejas negras, sus secretos, 
un pasado que alarga su sombra sobre la estirpe de 
descendientes.

Ramón Acín ha compuesto una historia hecha de 
pasajes breves y contundentes donde las sombras, 
las piedras, los fantasmas, lo oscuro, las miradas, 
el temor y los sueños aportan matices al argumento,
que desde los detalles se construye ante los 
ojos admirados del lector. Leer Monte Oscuro 
obliga a juntar piezas, a atar cabos, a salpicarse 
de crudeza. La familia obliga a forzados vínculos 
de sangre establecidos por la lotería de la vida. 
Nadie la escoge. Todos la sufrimos. 
El abuelo, los tíos, los primos, los concuñados, 
los padres… quedan al descubierto, 
desnudos ante el espectador, desenmascarados 
y descuajeringados por la pericia narrativa de Acín.

Los rasguños que provoca la convivencia familiar 
hieren las entrañas. Recrearlos ayuda a sobrevivir, 
aunque sea plagado de cicatrices. Ha de pasar el 
tiempo para descubrir que el lustre del linaje es 
mera quincalla, que la grandeza empequeñece 
con los años y que la realidad fue una quimera 
de cartón piedra que se admitió como verdad.

Título: Monte Oscuro. Álbum de familia
Autor: Ramón Acín
Editorial: Los libros del gato negro
Páginas: 127

viernes, 15 de enero de 2016

SIEMPRE QUEDARÁ PARÍS

Lectura sociolingüística de dos novelas para el tiempo abatido: La sierra en llamas y Siempre quedará París

Antonio Daniel Fuentes González






Revistaalabe.com/index/alabe/article/view/262/193


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martes, 24 de noviembre de 2015

lunes, 4 de mayo de 2015

RESEÑA en la Revista TURIA (José María Ariño)

REGRESO AL PARAÍSO PERDIDO
                                                     Por José María Ariño Colás
         ¿Quién no ha evocado con frecuencia las vivencias nebulosas de su infancia? ¿Quién no ha regresado a su Ítaca natal para reencontrarse con los demonios familiares y recomponer el puzle caótico de su vida pasada? Eso es lo que nos propone con su habitual maestría el escritor aragonés Ramón Acín (Piedrafita de Jaca, 1952) en su última novela Ya no estoy entre vosotros. El escritor y crítico literario oscense continúa su camino ascendente como narrador con esta novela densa, profunda y sugerente. La introspección en el ser humano, el peso de los recuerdos, la vida y la muerte son motivos que  ya estaban presentes en La marea (2001), Siempre nos quedará París (2005) o Muerde el silencio (2007).
            La muerte de la matriarca de la familia Alba, una centenaria abuela que ha gobernado la casona con autoridad durante las últimas décadas, reúne a numerosos familiares y allegados en torno a su ataúd. La larga noche de velatorio tiene como protagonista a Ramón, su nieto preferido. Durante estas horas tediosas e incómodas, Ramón reflexiona sobre la vida, la muerte, el paso del tiempo, el paisaje del Pirineo aragonés y la cada vez más exigente tarea de escritor. Es una larga velada de reencuentros trufados por el recuerdo de la infancia en la cada vez más deteriorada casona. Esa mansión que, al igual que la abuela, ya ha perdido todo su antiguo esplendor: “Sí, la casona y su alcurnia secular están igual de consumidas que tú, abuela” (p.13). El protagonista reconoce este cambio de identidad, esta inevitable carcoma del paso del tiempo que transforma a las personas y las aleja para siempre del hogar que les vio nacer. La ambigüedad del título – ya no está la abuela y tampoco se reconoce a sí mismo el nieto – da paso a una serie de reflexiones que entrelazan el pasado con el presente y dejan abierta una gran incertidumbre para el futuro.
            La  novela se caracteriza por un tempo narrativo lento. En ella el monólogo se entrecruza con el diálogo con la difunta que recuerda al nieto vivencias del pasado o le reprocha actitudes casi olvidadas. El río caudaloso de las evocaciones de la infancia y juventud de Ramón se enriquece paulatinamente con nuevos caudales de vivencias lejanas y nebulosas. Porque, aunque “el río de la vida todo lo arrastra” (p.48), aún quedan rescoldos agridulces de experiencias infantiles y primeros escarceos amorosos. El reencuentro con su prima Elisa supone una vuelta más a las vacaciones estivales en la casona y al hervidero infantil que alborotaba la casona durante las Navidades. Porque Elisa, al igual que tantos niños de la década de los sesenta,  también inició un camino sin retorno fuera de España: “Soñaba con vivir lejos, muy lejos de la casona. Y, al final, se salió con la suya. Escapó de la rigidez de los Alba. Y de la abuela” (p. 49). La introspección del protagonista recorre como una columna vertebral esas horas de velatorio marcadas por el contraste entre el silencio gris de la alcoba y los chismorreos de los familiares y amigos de la difunta.
            Pero el paraíso perdido no es sólo la casona. Es un entorno natural privilegiado e inhóspito que rodea a esta ciudad de provincias. Así, la Sierra Pelada se convierte en mudo testigo de los crudos inviernos y de los rigores del verano: “Cuando el sol y su intenso amarillo dan de lleno en Sierra Pelada, la ciudad sufre los sofocos del bochorno” (p. 79). Una ciudad detenida en el tiempo, varada como un barco en el agrisado mar de la memoria. A ella regresa Ramón para evocar el pasado y, como Julio Llamazares, Giménez Corbatón o Severino Pallaruelo, se deja dominar por la nostalgia. La presencia de nuevos personajes – como Pilina, Julita o Jacinto el loco – agudizan paradójicamente la soledad del protagonista, que se siente aislado en su isla secreta como un nuevo Robinson Crusoe.  Ni la presencia casi inesperada de sobrinos, primos y algún que otro amor platónico logran alejar el fantasma de la soledad. Todo lo contrario. La casona arrastra a Ramón hacia submundos ingratos y le lleva a identificar el paraíso perdido con una oscura y lóbrega cárcel.

            Uno de los aspectos más importantes de la novela, y tal vez el más autobiográfico, es sin lugar a dudas la reflexión del autor puesta en boca del protagonista sobre la literatura y el oficio de escritor. La presencia de uno de sus jóvenes sobrinos enamorado de las letras despierta en Ramón una retahíla de reflexiones llenas de escepticismo sobre la creación literaria y sus inevitables servidumbres: “La literatura duele, emborracha, divierte, sana, te vuelve loco, a veces te da algún dinero, te inyecta envidias desconocidas, te hace odiar, te aniquila… Literatura es dialogar y amar. Amar y sufrir. Sufrir y vengarse” (p. 112).  Estas reflexiones van de la mano con otras tan universales como el paso inexorable del tiempo, la vida y la muerte. El protagonista califica a la vida como un cuento, una locura y una mierda e invita a su sobrino a vivir el presente e intentar ser feliz. Una actitud decepcionante que brota de la soledad y el fantasma de la muerte que pende sobre todos como una espada de Dámocles.
            La novela avanza al mismo ritmo que el velatorio. Y concluye poco después del entierro de la abuela. De este modo, las últimas páginas nos ofrecen a modo de epílogo unos sentimientos del nieto envueltos en una extraña orfandad. El recorrido final por una casa vacía y huérfana, la contemplación del arcón de nogal, el poso amargo de los muebles o la contemplación de documentos antiguos o fotografías amarillentas, aceleran la desmitificación de la estirpe de los Alba y el derrumbe definitivo de la casona que ya no es un regazo o un paraíso, sino un pozo de desolación: “Es la visión fantasmal pero cierta, de que cientos de años se han extinguido en pocos segundos. O de que a la centenaria prosapia del apellido Alba no le queda ni un ápice de cuanto este fue” (p.184).
            Desde el punto de vista formal y estructural, hay que destacar en Ya no estoy entre vosotros la adecuada documentación con notas que comenta el editor a pie de página, la original entrada de cada uno de los dieciocho capítulos y esa prosa ágil, concisa y zigzagueante que facilitan la lectura de una novela que invita a la reflexión y nos acerca una vez más al mejor Ramón Acín. 

Ramón Acín, Ya no estoy entre vosotros, Zaragoza, Mira Editores, 2014.
Turia, nº 113-114.

lunes, 13 de abril de 2015

COMENTARIO DE ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE en ANDALÁN

Ramón Acín Fanlo, escritor muy vocacional, catedrático de Literatura en Enseñanza Media (quizá el mejor en Aragón, en un área en que no faltan docenas, como no faltaron en otras partes los Torrente Ballester o Gerardo Diego, eminentes sobre mediocridades académicas de su tiempo), gran didacta, organizador de sesiones viajeras con escritores de fuste, crítico, escribió hace algunos meses una de sus novelas más acertadas: Ya no estoy entre vosotros (Mira), en que la voz sin tapujos de un nieto desnortado, algo cínico pero también muy lúcido, evoca a una inmensa mujer que fue su abuela, su mundo e ideas, su entorno, sus parientes más o menos próximos, hasta cerrar un magnífico cuadro familiar, generacional, social. Uno se acuerda, sin remedio, de Cinco horas con Mario, de Delibes, porque hay muchas conexiones y logros comunes a la gran obra del maestro Delibes. Y, ante la lista larga y cuajada, de la narrativa de Acín, piensa si no es hora de que esta generación de los ochenta del siglo XX reciba ya estudios a su vez, premios, honores bien ganados
ANDALÁN.  “Literaturas” (10/04/15)

http://www.andalan.es/?p=10603

lunes, 2 de febrero de 2015

UNA NUEVA LECTURA DE "YA NO ESTOY ENTRE VOSOTROS"

Un amigo me envía esta reseña de una de mis lectoras. 
De bien nacidos es ser agradecidos (para la lectora y  por mi amigo). 
No se hable más: Aquí está :
La mujer jubilada
viernes, 30 de enero de 2015:Ya no estoy entre vosotros


    Es la última novela de Ramón Acín Fanio, editada por Mira Editores, en Zaragoza, en abril de (20014).
 
    Ramón Acín, escritor aragonés, nace en Piedrafita de Jaca (Huesca) en 1952. Es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza. Ejerce como catedrático de Lengua y Literatura Españolas en Institutos de Enseñanzas Medias y Bachillerato. Es coordinador del ciclo pedagógico Invitación a la lectura, entre otras actividades relacionadas siempre con el mundo de las Letras.

    Ha cultivado el ensayo, el cuento y la novela. Entre su extensa obra podemos destacar Manual de héroes (1989), Estrategias de la memoria (1990), Los dedos de la mano (1992), Siempre quedará París (2005), Muerde el silencio (2007) sobre la vida de su padre, y Ya no estoy entre vosotros (2014).

    Resumen de la obra. La abuela del protagonista ha fallecido y en su velatorio, en la casona de la finada, se reúne la familia, desperdigada por el mundo, Este acontecimiento le sirve al autor para hacer un recordatorio reflexivo sobre la vida de la familia Alba. Ya con ojos de adulto mira a su abuela de forma distinta, esa mujer tan contradictoria, a veces tierna y otras cruel y manipuladora. Analiza sus sentimientos hacia ella entre cariño y miedo. Ahora, pequeña y seca, dentro del ataúd, supone el final ilustre de la familia y la casa que se derrumba porque desaparece ella, la matriarca, y los que quedan no tienen fuerza para sustentarla.

    Durante la noche que dura el velatorio, a la antigua usanza, el reencuentro de familiares da pie al autor para evocar el pasado de su infancia en la casa, junto a sus primos. A través de conversaciones vamos conociendo, siempre de manera ambigua, a los miembros de la familia Alba y sabemos de su vida, siempre condicionada por las decisiones de una abuela que todo lo controlaba, haciéndose siempre su voluntad.

    El autor revive un acontecimiento doloroso de su juventud que le marcará en su vida futura, privándole de la facultad de amar. La memoria lleva a Ramón a evocar el paraíso perdido de la infancia, los juegos, los primeros atisbos de erotismo. todo dentro de aquella casa enorme que suponía un pasado glorioso de dominio en toda la comarca, colocando a la familia en un lugar preeminente. Es como un puzle en el que las piezas se van encajando poco a poco a través de la memoria.

    Personajes.
 Protagonista. Es el nieto, Ramón, que es el narrador. Él es quien nos guía en esa noche del velatorio y quien nos descubrirá, a su manera, la historia de la familia. Es el nieto predilecto y ha llegado con el tiempo justo para despedirse de la abuela.

La abuela, centenaria, que muere en su casona  por lo que se reúnen en ella todos los parientes. Es autoritaria, orgullosa, religiosa, vengativa, manipuladora, escrupulosa del orden, que no olvida y repite, de forma machacona, el episodio de la muerte del hermano querido a manos de los falangistas, durante la Guerra Civil. Otras veces es cariñosa, siempre contradictoria.

El hermano. Es "el ausente", siempre presente "seguro que está en el cielo". Según la abuela, la camisa roja , el azar, provocó su muerte. En realidad era filocomunista y llevaba en la solapa las insignias de la hoz y el martillo.

El abuelo. Más joven que su mujer. Se llevan como el perro y el gato pero como el roce engendra cariño, las diferencias se salvan. La abuela consiente sus frecuentes viajes a la ciudad donde hay juego, alcohol y "algo más" que, a veces, sí le preocupa. El abuelo también sufrió cárcel durante la guerra y no pisa la iglesia pero, ahora, por ella asistirá al funeral.

Ignacia. la hermana pequeña solteronaa, que ha acompañado y servido a la abuela hasta que murió.

Las otras hermanas con las que nunca se llevó bien. Las trata de arpías. No aparecen en el velatorio.

Los tíos Luis y Antoñita,  La tía Pura, el tío Fermín y Clarisa. Sobre todo los primos: Elisa, Estela, Cynthia, Felicitas, Pilina y  Julia, la hermana del protagonista.

 La Inevitable, la muerte, que hace su presencia y "se introduce por la boca hasta la garganta".

    Los temas que trata el autor en la novela son los eternos "Eros" y "Tanatos".amor y muerte. Sobre todo la muerte está presente desde la primera a la última página.. El paisaje, la casa, se convierte en un personaje importante, tanto física como simbólicamente.La memoria, el poder, el matriarcado, el tiempo, el peso del pasado, la ambigüedad que sugiere la duda. Las personas tienen dos caras: el ser y el parecer.

    El estilo literario es sencillo pero elaborado. Recurre muchas veces a proverbios, refranes, en fin, dichos del pueblo que, a veces, son los que mejor expresan el sentido de las cosas, "la sabiduría popular".

   "Ya no estoy entre vosotros" es el primer libro que hemos leído en el club de lectura de la Universidad de la Experiencia. Ha resultado muy provechoso porque tuvimos primeramente la visita del profesor Saldaña que nos asesoró sobre cómo leer un libro y nos habló de la lectura como conversación del lector con el texto literario. Nos dijo que leer es dotar de vida al texto y presentó la literatura como una defensa contra las ofensas de la vida.

Otro día nos visitó Don Joaquín Casanova Chulilla, el editor, que nos hizo pasar un rato inolvidable contándonos, en clave de humor, las peripecias de su vida, hasta terminar en la edición de libros. Nos explicó muy bien el proceso de la edición, cómo se cuidan todos los detalles hasta que el libro aparece en el escaparate de las librerías.

Por fin, el último día disfrutamos de la presencia del autor quien nos introdujo en la génesis de una obra literaria. Cada escritor tiene sus métodos, una vez es como un fogonazo, surge la idea y hay que plasmarla en el papel; otras veces lleva más tiempo rondando por la cabeza y pueden pasar años hasta que se le da forma.
Contestó amablemente a cuantas preguntas se le hicieron. Es una pena que el grupo sea tan numeroso por lo que es prácticamente imposible que todos los miembros puedan participar.


(BLOG: http://lamujerjubilada.blogspot.com.es/)

viernes, 5 de diciembre de 2014

SIEMPRE QUEDARÁ PARÍS por Alberto SERRANO DOLADER

Caspe Literario. “Siempre Quedará París” De Ramón Acín.

(en El Agitador. Publicación bajoaragonesa de agitación y Propaganda)
por Alberto Serrano Dolader.

Va para diez años, el 8 de noviembre de 2005, el catedrático de literatura Ramón Acín presentó en Zaragoza su novela “Siempre quedará París”, retrato literario de las peripecias humanas que vivieron los maquis en su lucha antifranquista por tierras de Aragón. El autor declaró a la prensa: “Para este libro ha sido determinante el hecho de que conociera a Ángel Fernández en Toulouse. Él era quien conducía el coche de quienes iban a atentar contra Franco en Caspe, un atentado que se suspendió cuando se enteraron de que en el tren iban muchos civiles”. El volumen prometía. Adquirí el libro (doscientas páginas del sello sevillano Algaida) y no me defraudó. Me vuelve a agradar ahora, cuando lo releo.
            Ciertamente, el episodio (“el intento más serio de matar al Generalísimo en las cercanías de Caspe” p. 138) solo aparece de refilón y mediado ya el texto. Pero la obra, que no se plantea como lección de historia sino como creación literaria, perfila atinadamente la idiosincrasia de quienes protagonizaron aquel movimiento guerrillero. Aunque la sombra de los preparativos del atentado se intuye como fondo en algunas páginas, el párrafo más directo y casi único se inserta en el momento en que una cuadrilla que se movía por el Sobrarbe y los somontanos se dirige hacia el sur: “Habían recibido la orden de estar atentos a lo que pudiera ocurrir en las proximidades del Ebro, entre Sástago y Caspe, donde estaba prevista una acción que, según les fue comunicada en clave desde Francia, perseguía los máximos objetivos. ‘Una acción definitiva contra FFS’, decía el mensaje”, o sea: “Franco, Falange y Secuaces” (p. 129).
            Autor de numerosos artículos sobre literatura y de varios libros de narrativa,  dinamizador de programas de promoción a la lectura, jurado del Premio Nacional de Poesía y Ensayo… Ramón Acín ha visitado Caspe en no pocas ocasiones, ya sea para participar en ferias del libro y firmar ejemplares (1996), para integrar tribunales encargados de fallar certámenes literarios (1999), o presentar a autores de prestigio en charlas públicas (por ejemplo, en 2013 Manuel Vicent).
            El protagonista que hace las veces de hilo conductor de “Siempre quedará París” es Villacampa, un ex oficial del ejército de la República, exiliado en Francia (donde luchó en la Resistencia) que a mediados de los cuarenta entra por el valle de Arán al mando de una partida dispuesta a combatir la dictadura en tierras aragonesas. El dibujo biográfico del personaje de la novela tiene mucho que ver con el guerrillero sobrarbense Joaquín Arasanz Raso (1917-1995), que respondió al mismo alias.
            Estratega y hombre de acción con nervios templados, el Villacampa del relato ha llevado una vida que ha sido “un auténtico mantenerse en pie, en combate permanente. A la búsqueda de una inasible victoria” (p. 19).  Fiel a sus camaradas y a su ideal “jamás se ha separado de la pistola, una miniatura casi femenina, arrebatada al cadáver de un teniente alemán después de la batalla de La Magdeleine” (p 36).    
En la segunda parte de la novela juega un papel destacado Luisa, una maestra de la última promoción de la República que ejerció en Caspe, donde permaneció “hasta que se produjo la evacuación de la ciudad ante la avalancha fascista, mediado el invierno del 38” (p.160). Se enamoró de Joseph Pons i Cerdanyola (“tenso, fuerte, atento y vigilante como buen defensor de la República”, p. 161), quien también fue maestro, en Barcelona, antes de que la guerra lo convirtiese en oficial de la 9º Brigada Mixta (“Él era de los que se entregaban de verdad. Sabía sacrificarse”, p. 186). No sé yo si la Luisa literaria deberá algo a la real Palmira Plá, una cretense que impartió docencia en el Caspe de aquellos años. Víctor Juan estudió a fondo a Palmira y noveló su romance con el combatiente republicano Paco Ponzán (“Por escribir sus nombres”, 2007).
            El caso es que en la obra de Ramón Acín, Luisa y Joseph se verán por última vez, muy enamorados, en marzo de 1938, en Bot. El conflicto bélico les impide reencontrarse. Tras la victoria de Franco, ella convierte la búsqueda de su amado “en el guión de su vida” (p. 167). En 1960 – todavía no sabe si él está vivo o muerto- la maestra ve pasar los días en una pardina del Pirineo:
            “Luisa suele mirar primero y, a continuación, sonreír. Lo hace siempre. Es su habitual forma de dar la bienvenida. (…)           ‘Una loca’, tiende a pensar todo el mundo cuando se topa con ella. A la perplejidad y al recelo que inyecta su andar desgarbado se superponen los gestos sin control de su rostro o los tembleques de su cuerpo. Y, a veces, también un avizorar desabrido que, después de su sonrisa, cuando se le manifiesta, atrae como un imán hasta hundir un océano de incertidumbres a quien la saluda.  Sin embargo, la apariencia nunca es la realidad” (p. 147).
            Cuando, en 1961, Luisa se entere de que Joseph murió en 1950 cerca de Valencia, al intentar enlazar con el Grupo Guerrillero de Levante, sabrá también que en la postguerra su enamorado se convirtió en “pieza clave de los servicios de inteligencia” de quienes se enfrentaban al nuevo régimen: “Borraba huellas como nadie. Adquirió identidades insospechadas y estuvo donde nadie podía imaginarlo” (p. 186).
            No quiero que se me olvide Mauricio el Fusilao, secundario de la novela que en el relato literario también era de Caspe:
            “Cuando los fascistas ocuparon su pueblo, los ardores republicanos que profesaba le llevaron sin preámbulo alguno al pelotón de fusilamiento. Un anochecer de agosto, en del 36, junto a otros represaliados, en un barranco de las afueras le aplicaron el más expedito concepto del juicio sumarísimo. El que empieza por el final: la muerte. Entre el amasijo de cuerpos abatidos, la suerte le salió al encuentro en dos ocasiones. La primera, tal vez, el tirador tocado en suerte fuera inexperto o tal vez errase a propósito. La segunda, el oficial que daba el tiro de gracia ahorró balas, descerrajando únicamente a los que se lamentaban de no haber muerto en el acto. Sigiloso, se escurrió por el barranco y ganó las líneas republicanas…” (168).
            Este pasaje está inspirado en lo que le ocurrió al maellano Mariano Mustieles García, con quien no pudo acabar ni el pelotón de fusilamiento, ni el oficial encargado de pegarle el tiro de gracia… pero ni aún así se libró de la prisión. Quien quiera conocer su sorprendente historia que acuda al documentado trabajo que José Luis Ledesma publicó en el volumen colectivo “Los años de los que no te hablé II” (Los libros del Agitador, 2013).

Alberto Serrano Dolader