martes, 3 de septiembre de 2013


ABRIR LA PUERTA, por Alberto Díaz Rueda (La Comarca. net. Alcañiz)

Ramón Acín es de Piedrafita de Jaca, Huesca, y catedrático de Lengua y Literatura. Con estos antecedentes se le presuponen dos cosas, humor afilado como buen maño y conocimiento del instrumento que usa, la lengua castellana. De ambas cosas doy fe tras haber leído su recopilación de relatos "Abrir la puerta" que ha publicado con Ediciones Traspiés. No podemos hablar de un recién llegado a la narrativa, bien lo saben los de esta tierra. Acín lo ha transitado todo, desde los libros de relatos (este es el sexto, si no voy errado), la novela (cuatro) o el ensayo (cinco). Además se ha metido en el mundo editorial y en el de la promoción de ese insigne y necesario vicio llamado lectura. Por tanto, es uno de los nuestros, frase peliculera que nació en el alto mundo político anglosajón.

Resulta interesante leer a Ramon Acín. Alguien le llamó "agitador cultural", con todas las beneméritas connotaciones del título. Y hay algo de esa dinámica desafiante que los de antes llamaban "èpater le bourgois" en muchas estampas de su libro, como en "Cioconda, la Radiante", un retrato goyesco de una "reina del Paralelo" barcelonés, o el de "El santo bebedor" un retrato a lo Bowle de un tipo estrafalario, escritor, sablista, eremita forzado, un tipo que "llevó siempre vida de fugitivo (de la justicia...pero también de sí mismo" (pag.64).

Acín logra interesarnos por su indudable voluntad de romper el género y nos ofrece una contundente mezcla de imaginación, realidad documental (sea cierta o no), esperpento y una cierta erudición. En "Héroes 'inmolados' " juega con la historia y nos habla de un suicida en la plaza Venezuela de Caracas, vinculado tras una vida azarosa con los refugiados republicanos de la guerra civil española. Con "Lobo solitario" da una nueva vuelta de tuerca y nos habla del fanático obsesionado con Greta Garbo, para volver en "Del entierro de Estanis, el abacero" a nuestra guerra incivil, con una historia buñuelesca sobre el almadiero segado por una bala perdida al final de la batalla del Ebro. Y la historia la trufa con una deliciosa lista de hierbas con las que el cadáver insepulto pero enferetrado de Estanis desemboca en el Mediterráneo para una singladura sin fin (los hermanos Cohen harían una buena película con este guión).

Con "Make-up, make-up, make-up" Acín ya roza la broma surrealista y nos relata la historia de un político peculiar que entre sus aficiones pregona la de "experto en ácaros e insectos propios de la fauna de las tumbas" (pag.50). En "Amores locos" nos habla de un amor con mal final desde el punto de vista del tercero en discordia, donde Acín nos deja testimonio de un cierto lirismo dentro del estilo rimbombante, y guasón en el fondo, que el escritor practica con sorna pero sin mala leche.

En otros relatos del pequeño pero jugoso libro juega con el tremendismo como la historia de un don Juan peculiar "enano contrahecho y con una verga descomunal" pag.85, o con un humor irónico y burlón vestido de articulo periodístico en "Un espacio llamado El Ocaso" o el juego literario de "Y al final, como todos, él dijo GUAU", en el que el humor guarda su sorpresa al terminar de leer.

El libro de Acín me recuerda esas muñecas rusas de diferentes tamaños que se contienen unas a otras. En estos relatos el lector se presta con agrado al juego del narrador, el comienzo nos extravía, el desarrollo nos confunde y al final todo cobra un sentido. Y en cada uno de los relatos se contiene algo de lo anterior. Y ese algo es ese humor que nace con una sonrisa, no busca la carcajada y deja una sensación de divertida extrañeza. Vamos, humor aragonés con sus goticas de retranca gallega y formulación austera castellana. Y, por encima de todo, la evidencia de que Ramón Acín ha escrito exactamente lo que le venía en gana. Pero como nos divierte, pues miel sobre hojuelas.

ABRIR LA PUERTA.- Ramón Acín.- ED. Traspiés. 122 págs

martes, 28 de mayo de 2013

ABRIR LA PUERTA


 Por Fernando P. Fuenteamor  en  Divertinajes. com ("El prado eléctrico")
 
Ramón Acín, además de catedrático eminente, es un hombre de una vocación literaria telúrica y su multiplicidad de facetas nos ha dado a través de los años una obra personal importante en volumen y calidad. Acín no es lo que entendemos por un escritor popular, tampoco le hace falta, la verdad. Él llega al lector por otros caminos más personales y más íntimos y el que lo lee una vez es seguro que volverá a hacerlo en todas las ocasiones que vuelva a publicar guiado por una fidelidad que se basa en que su escritura nunca defrauda y las más de las veces sorprende y deleita.
Abrir la puerta (Traspiés) no es una excepción. En esta exquisita colección de cuentos, el autor nos invita a pasar al otro lado de la puerta proveyéndonos de una llave, que nos permitirá penetrar en las vidas de una galería de personajes tan impares como sus historias, desde Cioconda, la radiante, que abre la colección a Hachikó que la cierra, vamos a descubrir una procesión de personajes espurios que funcionan como afluentes de un todo que, a veces, parece bifurcarse en meandros que transitan lugares y tiempos diferentes pero que finalmente se agrupan en único estuario para desembocar en una de las lecturas más gratificantes que un lector pueda alcanzar.
Acín ama las palabras porque las conoce; nunca las fuerza, pero la mayoría de las veces las transfigura de tal manera que se diría es la primera vez que las escuchamos. Hace de la ironía un arte y del bizarro una metáfora de la insulsez de nuestras vidas. Trastocando el análisis de lo que entendemos por “realidad”, logra, además, que reflexionemos sobre temas, que pensamos importantes, como la vida, la muerte, el amor más o menos fou, la impostura, pero siempre haciéndonos sonreír.
Su estilo es claro, y su prosa una exhibición de recursos destinados a situar al personaje de la forma más conveniente en la mente del lector.
Este pequeño opúsculo, apenas ciento veintidós páginas, es un verdadero regalo para los sentidos que nadie debería perderse.
 

viernes, 6 de abril de 2012

DOS BUENAS NOVELAS SOBRE MAQUIS ALTOARAGONESES

Los maquis parecen una buena fuente de inspiración para la creación literaria. En su actividad guerrillera de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo hay ingredientes en principio atractivos para cualquier novelista: acción, aventura, paisaje, un cierto halo romántico y el encanto especial que para muchos escritores y lectores tienen siempre los perdedores. Si esto se inscribe en un periodo con afanes por recuperar una determinada memoria del pasado y en un momento de gran aceptación de la llamada novela histórica, se podría pensar en la existencia de un buen número de obras narrativas sobre el tema en la literatura española reciente. Sin embargo, la realidad parece desmentir esta suposición.esta suposición.
Aunque han sido abundantes en los últimos años los ensayos y estudios históricos sobre el fenómeno del maquis en nuestro país, son escasas las obras de ficción ambientadas en ese periodo de nuestra historia. Desde la recuperación de la democracia en España, no son muchas las novelas en que los guerrilleros aparezcan como protagonistas. Hubo que esperar hasta 1985 para que Julio Llamazares publicara "Luna de lobos", primera obra importante sobrelas peripecias y la derrota final de una partida de guerrilleros. Ambientada en los montes de León y llevada más tarde al cine, sigue siendo la mejor y más conocida de las novelas sobre el tema. En la década de los noventa hay que situar la trilogía de Alfons Cervera constituida por "El color del crepúsculo" (1995), "Maquis" (1997) y "La noche inmóvil" (1999), historias que transcurren en la comarca valenciana de Los Serranos y en el pueblo ficticio de Los Yesares, y que sirvieron de base a la película "Silencio roto" de Montxo Armendáriz. César Gavela publicó en 1998 "El puente de hierro" sobre los guerrilleros de El Bierzo, y, en 2001, Andrés Trapiello dio a la luz "La noche de los cuatro caminos" sobre la Agrupación Guerrillera del Llano, que actuó en la provincia de Madrid entre los años 1944 y 1945. De manera muy secundaria o tangencial hay referencias a los maquis en otras novelas recientes, y en un contexto más amplio hallamos una abundante presencia de la resistencia antifranquista urbana en unas cuantas obras del barcelonés Juan Marsé.
En Aragón, donde la guerrilla tuvo una considerable actividad en la década de los cuarenta, también en los últimos años han aparecido diversos estudios sobre el fenómeno, y en algún caso, como en el libro colectivo "Historias de maquis en el Pirineo aragonés" (1999), con un cierto tratamiento literario en la presentación de las historias elegidas. Pero, si no estoy equivocado, ninguna obra narrativa había tratado el tema con relevancia hasta la reciente edición de dos buenas novelas con geografía y maquis aragoneses como protagonistas: "La savia de la literesa" de Jorge Cortés Pellicer y "Siempre quedará París" de Ramón Acín. Ambas se inspiran y tienen
como personajes principales a los dos guerrilleros oscenses más conocidos: Ángel Fuertes Vidosa y Joaquín Arasanz Raso, quienes aparecen en ellas con los nombres de Antonio y Villacampa que adoptaron en la guerrilla.
Publicada en 2003, "La savia de la literesa" (Prames, Las Tres Sorores) es una novela que sorprende al lector por su densidad y riqueza. Es una novela torrencial, una novela río, y río caudaloso al que vierten sus aguas numerosos afluentes. Todo el fenómeno del maquis está en sus páginas: la psicología de los guerrilleros; sus andanzas por las montañas pirenaicas, turolenses y levantinas; los enlaces, los colaboradores y las estafetas en el monte; las relaciones entre maquis y lugareños; las órdenes lejanas de los dirigentes del partido afincados en Francia, Praga o la URSS; los designios maquiavélicos del tirano Stalin; la soledad y la falta del apoyo esperado en el interior del territorio español; la imposibilidad de hacer autocrítica sin ser considerado un traidor o un cobarde; las incomodidades de una vida dura, austera y llena de privaciones; el terrible contraste entre los informes que los guerrilleros recibían en Francia y la verdadera situación del país cuyo régimen dictatorial pretendían derrocar; la ferocidad de la represión, las torturas, el fanatismo y el miedo; la cambiante situación internacional que acaba dejando solos a los del monte; la "guerra fría" que consolida a Franco; y la muerte, siempre acechando y cobrándose presas en refriegas y emboscadas en escarpados montes y aldeas remotas.
Todo ello siguiendo los pasos de Antonio, que no es otro que Ángel Fuertes Vidosa, llamado "el maestro de Agüero" por su oficio y por ser originario de esta población. Jorge Cortés había escrito un pequeño esbozo de esta extensa novela en el relato "El maestro", en "Historias de maquis en el Pirineo aragonés", y posteriormente a la edición de su novela ha publicado una breve reseña biográfica del personaje en un artículo en la revista Rolde ("El maestro de Agüero", Rolde, Zaragoza, 2004). Es, sin duda, un gran acierto literario convertir en novela la amplia información reunida sobre el personaje objeto de su minucioso estudio. Podemos hablar tal vez de biografía novelada o de novela histórica, en todo caso la ambientación de la época y del conflicto son más que verosímiles y fieles a los hechos ocurridos, y la estructura novelesca da una mayor libertad al autor para manejar sus materiales y un mayor placer al lector que se adentra en sus páginas. El novelista intercala en la narración en tercera persona varios pasajes puestos en boca de algunos guerrilleros que explican su pasado y el momento en que conocieron a Antonio, quien en muchos casos cambió sus vidas. También hay varios informes militares sobre algunos resistentes del monte y su destino final, casi siempre la muerte violenta o la cárcel.
El libro abarca desde septiembre de 1944 en que la partida de Antonio entra en España hasta mayo del 49, cuando "El maestro de Agüero" muere en una emboscada tendida por la Guardia Civil. La primera parte transcurre en los montes próximos a su pueblo natal, donde crece la literesa, planta que da título al libro. En la segunda, el escenario se desplaza hasta la zona levantina, en la confluencia de las provincias de Teruel y Castellón. Espléndidas son las pocas páginas urbanas de la novela, en las que vemos vagar por Zaragoza a un Antonio solo y desamparado tras la caída de sus enlaces en la ciudad.

Más reciente, del pasado 2005, es "Siempre quedará París" (Algaida) de Ramón Acín, novela menos extensa, más concentrada, con mayor carga simbólica y no menos calidad literaria. Aquí los dos personajes principales son Villacampa y Montes y, aunque ambos participan de aspectos reales del Villacampa verdadero, ninguno de los dos es una reproducción fiel del personaje real. Estamos ante una novela y por tanto es el autor quien crea a sus personajes, aunque para ello se nutra de la realidad y de la historia. El libro tiene estructura circular y se inicia en 1970 cuando el hijo de Elvira y Montes - el simbolismo del nombre es evidente - abandona La Pardina en la que nació su padre y donde él mismo en compañía de Villacampa, su madre y Luisa, viuda del maqui Pons, lo enterraron diez años antes. El traslado final de los restos de Montes junto al viejo roble del gran caserón familiar, que ahora los nuevos tiempos obligan a cerrar, se explica en las últimas páginas de la novela y constituye la justa restitución del personaje que por fin descansa donde se
merece, bajo el gran tronco común que hunde sus raíces en la tierra y que es el símbolo de ella misma, de cuyas entrañas brota y a cuya historia Montes, emblema y representación de todos los suyos, también pertenece. Entre ambos momentos - el cierre de La Pardina y el entierro de Montes - la novela explica la conversión en derrota de la ilusión inicial que llevó a los guerrilleros a cruzar las montañas pirenaicas. Vemos a Villacampa en los preparativos de su entrada en España, se recrean los hechos ciertos del paso de la frontera en vagonetas mineras y la llegada al Valle de Arán, la liberación de unos prisioneros que escapan de sus liberadores y el choque de bruces con una realidad inesperada ("el exilio exterior se muestra quimérico, mientras que el exilio interior parece estar muerto"). Después vemos vagar a Montes, solo, aislado y al fin desesperado, por los bosques cercanos a La Pardina en la que vive su mujer, contempladas ambas desde su escondite y sin poder acercarse nunca más a ellas. Temeroso de las represalias que pueda sufrir su compañera y abocado a un suicidio que termine con una agonía sin esperanza. Sólo el título de la novela hace referencia a la única victoria de unos hombres doblemente derrotados, al único momento feliz de esa generación desgraciada. El libro es la crónica amarga de su última derrota en la soledad y la tristeza, aunque el final pueda leerse como una restitución necesaria tras largos años de olvido y de silencio.
La recomendable lectura de estas dos novelas permite adentrarse en aquellos tristes y desgraciados años de nuestra historia. Años que, aunque aún cercanos en el tiempo, quedan por fortuna muy lejos de nuestras presentes realidades.
Carlos Bravo Suárez

domingo, 6 de noviembre de 2011

MUERDE EL SILENCIO EN NOTAS DE JOSÉ ÁNGEL GARCÍA LANDA



Vanity Fea: Blog de notas de José Ángel García Landa (Biescas y Zaragoza) - Noviembre 2011

Sábado 5 de noviembre de 2011

The Abandoned Village

Es un poema de Goldsmith, The Abandoned Village, y todo un motivo literario. El éxodo rural—parte de la Gran Historia, de la única gran historia que incluye todas las demás. Una parte importante, pues es la que representa el paso de la tradición agrícola a la modernidad urbana. El éxodo rural es hacia la ciudad, y hacia el futuro ya contenido en el presente, alejándonos del pasado también contenido en el presente.

Es en parte la historia a la que aludía el otro día a cuenta de Aparajito, de Satyajit Ray. Hoy a cuenta de Muerde el silencio, novela de Ramón Acín—colega de mi facultad al que no conozco, y casi vecino también, del Valle de Tena, si es que Biescas está en el valle de Tena, que hay opiniones al respecto—desde luego, el valle empieza o termina en Biescas, inclusive o no.

Supongo que a quienes venimos de los pueblos nos interesa especialmente el éxodo rural. Y de eso va en parte Muerde el silencio—también de todas las historias entrecruzadas y destinos de la gente del pueblo, una red de memorias y de vidas que se desteje o pasa al olvido cuando los pueblos se abandonan. También cuando no se abandonan, hay que decir—poco más de una generación duran estos saberes y recuerdos mutuos. Pero la desaparición es más vívída cuando va unida a la desaparición o transformación radical (tanto da) del pueblo, a la ruina de la casa, a la demolición de los rincones conocidos. Una vieja pared que se tira deja un espacio desacralizado, quita el misterio que iba unido a los recuerdos desde la infancia. Se fue, y no hay nada. No había nada detrás. De eso pasa mucho en la modernidad, que a veces destruye construyendo. En el Pirineo, el pueblo que no se queda vacío suele volverse irreconocible a base de demoliciones y urbanizaciones. Si el pueblo no queda abandonado, o reconstruido, también queda abandonado de todas maneras, pues es el pueblo que abandonamos.

El éxodo del pueblo cambia de sexo en la novela, y es la historia de Angelina, que se va de su pueblo a finales de los sesenta, para casarse con un ingeniero hispano-alemán, hijo de un nazi por más señas, y no volverá al pueblo hasta verlo irreconocible.

"La desaparición era realidad. El pueblo no era el pueblo. Pocas casas permanecían en pie según la fotografía que Angelina tenía impresa en su memoria. Las casas, perdida su antigua fisonomía, presentaban el esquema repetido que destila un diseño único. La esencialidad unívoca con la que, cuando el pueblo aún era pueblo, cada familia solía impregnar sus posesiones y edificios, había desaparecido. Los callizos y medianiles habían sido eliminados. Las antiguas callejas ofrecían un remozado ensanchamiento a costa de cuadras y dependencias secundarias como zolles y casetas. Los huertos no acogían el colorido de las verduras, legumbres o frutas de antaño, porque, en su totalidad, se había convertido en verde jardín artificial.

La sensación apiñada de antaño, donde unas casas se amparaban o sostenían unas a otras, ya no existía. Al contrario, lo que veía Angelina desde el solar de su Casa era el aislamiento buscado de la correcta convivencia residencial. Su conjunto, menos compacto e irregular y, sin duda, más habitable, no contenía el calor humano de épocas pasadas. Su pueblo, aunque llevase el nombre, era un pedazo de ciudad. Un fragmento de dormitorios transplantados al Valle. Sin vida, pese a estar habitado masivamente en la época estival y pese a la estampa de vida permanente.

Mirar hacia los campos de labor, prados y montes para el ganado, tampoco mejoró su sensación de disgusto. Apenas quedaban vestigios de los pequeños pedazos de tierra, marcados y delimitados en sus márgenes, con el mmo de paredes de piedra o por una vegetación nacida en libertad. La placentera panorámica de su niñez, había desaparecido. La inmensa alfrombra verde y marrón, confeccionada por los múltiples retales de campos y prados, no existía. En su lugar, una gran sábana verde, sin gracia y desprovista de vegetación. Los campos de labor y los prados, antaño corazón y pulmón del pueblo, eran redil de golfistas o recorridos para gimnasia de mantenimiento. Tampoco quedaba rastro de la concentración parcelaria que el Estado hizo tras la expropiación, intentando una explotación moderna.

Era una realidad: La vida de verdad había sido sustituida por la ficción de las horas de asueto. El pueblo no contenía vida, contenía placer fungible, comprado y consumido por personas desconectadas del alma del Valle. El hermanamiento con la naturaleza se había traducido en ocupación y sometimiento.

El pueblo y el Valle eran tan ajenos como las personas que en él, con el atractivo del pantano, habían levantado nuevos edificios o remodelado antiguas construcciones. No tuvo duda: allí no latía la historia. Lo que estaba viendo era otra cosa. Incluso el aire que respiraba ale pareció diferente. Más seco, menos nutritivo.

'El pueblo es un barco varado y desarbolado en la costa de la muerte. El tiempo lo ha desguazado lentamente y en silencio, hasta hacerlo irreconocible', pensó.

Angelina, disgustada por cuanto veía, consideró que ella, pesea a todo, era la menos indicada para pedir cuentas. Fue de las primeras en firmar la expropiación forzosa dictada por el gobierno, y también, la primera en cobrar la indemnización ofrecida por los tasadores del Esstado. Cuando aquello sucedió, Angelita, su madre, ya no vivía. Acababa de morir. La muerte le facilitó las cosas. De no fallecer, seguro que hubiese sido diferente. O, como mínimo, más ardua la negociación. Además, lo pensó siempre, habría tenido que pechar con el remordimiento, porque no le cabía duda que la decisión habría llevado a su madre a la tumba".
(Muerde el silencio, 170-71)


Es la manera en que la modernidad se escribe en las vidas de las gentes y de los pueblos, dándoles forma, si no deshaciéndolos, transformándolos súbitamente. Somos víctimas, y beneficiarios, de una fase acelerada de la historia, un presente con jet-lag, que aún está buscando el pasado de donde salió y que ya no guarda a veces ni los signos mínimos de continuidad consigo mismo que cabría esperar, y eso nos enfada y desorienta. La alternativa a la modernización, es la que aparece en la canción de Francis Cabrel "Carte postale"—otra historia del pasado desaparecido, deshauciado y al que se le ha echado el candado para siempre. No sé con cuál me quedo, con ninguno, supongo, pero la historia ya elige por nosotros, y a través de nosotros.

Carte postale

Allumés les postes de télévision
Verrouillées les portes des conversations
Oubliés les dames et les jeux de cartes
Endormies les fermes quand les jeunes partent
Brisées les lumières des ruelles en fête
Refroidi le vin brûlant, les assiettes
Emportés les mots des serveuses aimables
Disparus les chiens jouant sous les tables
Déchirées les nappes des soirées de noce
Oubliées les fables du sommeil des gosses
Arrêtées les valses des derniers jupons
Et les fausses notes des accordéons
C'est un hameau perdu sous les étoiles
Avec de vieux rideaux pendus à des fenêtres sales
Et sur le vieux buffet sous la poussière grise
Il reste une carte postale

Goudronnées les pierres des chemins tranquilles
Relevées les herbes des endroits fragiles
Désertées les places des belles foraines
Asséchées les traces de l'eau des fontaines
Oubliées les phrases sacrées des grands-pères
Aux âtres des grandes cheminées de pierre
Envolés les rires des nuits de moissons
Et allumés les postes de télévision
C'est un hameau perdu sous les étoiles
Avec de vieux rideaux pendus à des fenêtres sales
Et sur le vieux buffet sous la poussière grise
Il reste une carte postale

Envolées les robes des belles promises
Les ailes des grillons, les paniers de cerises
Oubliés les rires des nuits de moissons
Et allumés les postes de télévision
Allumés les postes de télévision

viernes, 3 de junio de 2011

SIEMPRE QUEDARÁ PARÍS (blog librosyliteratura.es)




(Susana Hernández)

En esta ocasión lo tengo fácil amigos. He compartido la lectura de este libro con mi hija, ya que ella lo tenía como lectura obligatoria en literatura, (4ª de la ESO), al tiempo que en sociales estudiaban esta época de la historia de España, realizaban un viaje a los campos de refugiados de españoles en Francia, y finalmente tenían un estupendo encuentro con el autor.

En el trabajo que ha realizado sobre el libro, casi treinta folios (a mano), su profesora le ha dado una altísima puntuación. Así que, como si se tratase de un “recorta y pega”, y con el permiso de todos ustedes, ella hará hoy mi reseña:


"El autor de esta novela nos habla a través de un narrador omnisciente, y haciendo un larguísimo flash back, de un grupo de valientes que, tras perder la Guerra Civil española, siguieron desafiando a ese ejército vencedor dirigido por un dictador que robó sus sueños republicanos.

Hombres que ganaron una Guerra Mundial, como dice la contraportada, pero que perdieron por dos veces su propia guerra, y con ella su tierra, su familia, y hasta su historia.

En el libro descubrimos cómo para algunos hombres, poco a poco, todo comienza a escasear: la comida, la munición…, pero también la esperanza de recobrar la libertad.

Los maquis han pasado a la historia como personajes míticos a los que, gracias a narraciones como esta, hemos podido ir conociendo. Ramón Acín los ha acercado a nuestro entorno, como en este caso ha sucedido con el recorrido que hace por el Pirineo, pues el autor nos ha descrito, con gran lujo de detalles, las pardinas, los valles, los cortados y los bosques, dándonos una perfecta ambientación de lo dura y solitaria que debió ser la vida de estos hombres y sus familias.

Los personajes que nos presenta son duros, como la novela, fríos y valientes, pero también conmovedores, porque así es como debe resultar de la historia. Y es por eso que hoy veo como héroes a Villacampa, Mantalé, El fusilao, …, todos ellos personajes que he descubierto en “Siempre quedará París”, gentes que hasta hace muy poco habían sido maltratados o silenciados por la historia y que el autor nos presenta de una forma atractiva, nos acerca a su indignación que poco a poco se va convirtiendo en una autentica desesperanza de la que nos vamos contagiando.

Nos transmiten el dolor por los compañeros fusilados o encarcelados por los fascistas. Ese dolor, también presente y constante en aquellas mujeres que de la noche a la mañana, sin nadie saber por qué, vestían de luto por la llegada de noticias fatales. Isabelle, Elvira, Luisa… Todas ellas mujeres muy importantes que de no ser por relatos como este la Historia habría olvidado. Mujeres que sufrieron por sus novios, maridos o hijos, y a las que la tortura, la cárcel y la marginación las acompañaron ya durante toda su vida.

El autor me ha hablado, desde las páginas de su libro, con la visión de esa generación que todavía guarda un profundo dolor por el obligado silencio durante la dictadura.

Y es que Ramón Acín nació en ese Pirineo que tanto debe amar y tan bien nos describe, en el año 1952, sí, en esa época en la que parece que todo era silencio.

Este libro es un poco difícil de leer al principio. Estamos poco acostumbrados a libros en los que las descripciones sean tan extensas y exactas, esto hace avanzar la historia muy lentamente, pero se compensa con la emoción que transmite, en especial en pasajes que realmente te hacen vibrar, como la narración de los sentimientos de Villacampa, protagonista del relato, por la muerte de Montalé. La segunda parte del libro me ha gustado mucho y la he disfrutado de verdad hasta el final.

Cada una de las partes del libro comienza con citas de personajes ilustres, son citas que nos hablan de la lucha por la libertad y que de alguna manera nos anuncian lo que encontraremos. Los títulos de cada uno de los capítulos también nos ayudan a situarnos muy bien tanto en el espacio como en el tiempo.

Ha merecido la pena el esfuerzo de leer este libro porque es una forma muy interesante de conocer la historia, descubrir esos pequeños actos que los personajes van realizando y que les sirven para ponerlos en paz con sus muertos, con aquellos a los que, como diría Villacampa, no solo morían como perros, sino que enterraban como perros, lejos de cualquier tierra sagrada o amiga.

Cosas tristes y desgarradoras que duele leer pero que forman parte de la historia de España, de nuestra historia, una historia que debemos conocer, para que, con este pequeño acto de conocimiento, podamos colaborar en dignificar a aquellas personas que dieron su vida por un sueño de libertad".

Laura Carrera Hernández

miércoles, 13 de abril de 2011

EL CASO DE LA COFRADÍA en la Revista CULTURAMAS.



El caso de la cofradía,de Ramón Acín. Madrid, Oxford, 2010. 240 pp.

Por José R. Cortés Criado, en Revista Culturamas.

El caso de la cofradía es una buena novela juvenil, de aventuras, intriga, amistad, miedo… Se trata de un relato de calidad donde no hay descanso para los dos protagonistas. El inicio es sobrecogedor, Martina y Fabiano están atados en un lugar desconocido, está claro que los han secuestrados, pero no saben ni el motivo ni la razón de tal hecho.
Desde que abren los ojos en aquella caseta todo se reduce en huir de no se sabe quién, sospechan que están en pleno desierto de los Monegros e intuyen la manera de llegar a la civilización y buscar ayuda para solucionar el problema.
Mientras huyen recuerdan su primer encuentro, cada uno reflexiona sobre su vida, sus amigos, e intentan saber quién los tiene secuestrados y por qué. En el transcurso de la historia se mezclan actos de xenofobia y de trata de blancas.
Por un lado está la cofradía donde ambos tocan el tambor y ella sabe que no es bien aceptada por ser extranjera, es rumana; además, cierto día se encontró con un antiguo compañero de estudios que se dedica a la explotación sexual de mujeres; ella sospecha tanto de sus colegas cofrades como de sus compatriotas y en esa búsqueda de la verdad, la trama conduce al lector hasta el final, que llega con un rápido desenlace; pero no porque la policía dé por cerrado el caso esta historia nos dejará relajado, ya que crea gran incertidumbre en el lector al recordarle que sobre las paredes del instituto apareció esta pintada: “No penséis que bajamos la guardia”
Seguro que los jóvenes lectores disfrutarán de su lectura por es una obra interesante, rápida de leer y repleta de acción, estructurada en tres partes, con veintiún capítulos breves, cada uno con su correspondiente título y un epílogo, con ocho capítulos numerados.
Ramón Ancín da muestras de su buen hacer literario y recrea algunas citas como el famoso cuento de Monterroso: “Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí”, o nos cuenta historias de santos como la de San Frontonio y San Celedonio o cita a Julio Llamazares y La lluvia amarilla.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

LA MEMORIA DE LA GUERRILLA Y LA LITERATURA


Doctoral Dissertation Announcement
Nuno Castellanos, Doctor of Philosophy
Department: Spanish
Title: Representaciones de la Memoria de la Guerrilla
Antifranquista en la Novelística Española Contemporánea


Abstract:
In the last few years a very controversial concept known as “the recovery of historic memory” has become of utmost importance in certain social and political spheres in Spain. This matter has been addressed by a law approved in July of 2006 during the first term of the socialist government under José Luis Rodríguez Zapatero. This law recognizes the efforts of those who defended the Republican democracy in 1936, were persecuted by Franco’s nationalist regime and suffered internal and external exile, and those who fiercely fought against dictatorship and in defense of the fundamental rights and liberties that Spaniards fully enjoy today. This complicated process of memory recuperation is necessary to fulfill that missing part of Spanish identity that was captured and disarmed at the end of the Spanish Civil War of 1936. The main objective in this dissertation is the diachronic examination of a group of novels that carry out the representation of antifrancoist guerrilla fighters and how their obliterated memory emerges in Spanish society. In order to accomplish this goal, the introductory chapter examines various narrative, rhetorical and theoretical discourses, exploring the intimate relationship between History, Literature, and Memory through the lens of Foucault, Hutcheon, Barthes and White, among others. The second chapter covers the analysis of texts written during or immediately after the war: Cumbres de Extremadura by José Herrera Petere (1938), Este tiempo amargo by Pablo de la Fuente (1944), Juan Caballero by Luisa Carnés, La sierra en llamas by Ángel Ruiz Ayúcar (1953), Testamento en la montaña by Manuel Arce (1956), and El ladrido by Oscar Muñiz Martín (1969). The third chapter explores novels written during the democratic transition as well as contemporary fiction: La Pastora: el maqui hermafrodita by Manuel Vila Raso (1978), Luna de lobos (1985) by Julio Llamazares, Maquis (1997) by Alfons Cervera, Siempre quedará París (2005) by Ramón Acín, ¡Hasta siempre camaradas! (2006) by Raúl Tristán, and Caballeros de la Muerte (2006) by Alejandro Martínez Gallo. This study reflects how the antifrancoist guerrilla warfare is a clear example of a twofold search for personal and collective identity in Spain and shows how the writers’ approaches to this subject have drastically changed over the years.